Hasta el 20 de octubre
en Principium se exponen obras de la excepcional Grete Stern, que junto con
otros creadores cambió el concepto de la fotografía en Argentina.
Esta vez la muestra recoge su mirada de una Buenos Aires de mediados del siglo
XX.
Fuente:lamaga.com.ar
La mujer luz
Grete
Stern llega a la Argentina en 1935 huyendo del régimen nazi, pero ya
antes había recorrido un largo camino en la vida y en lo que hasta
entonces no era considerado un arte: la fotografía. Y su larga vida
(1904-1999)estará signada como su vasta obra por los avatares del siglo
XX.
Nacida a principios de siglo en
Alemania, se interesó desde muy joven en las artes gráficas
que estudió en Stuttgard, y es andando ese camino que llega a la fotografía.
Entra entonces en el taller de Walter Peterhans quien a su vez es convocado
por la escuela de artes del movimiento de la Bauhaus de Walter Gropius,
a la que adhiere también Stern ya a fines de los años 20. Su
formación se va cincelando como un diseño exquisito de avanzada.
De ahí en más, la cámara se transforma para ella en una herramienta para trasmitir valores tonales, materia y también conceptos. Es decir en arte. Con su amiga escultora y también fotógrafa Ellen Auerbach fundan en Berlin con gran éxito el estudio fotográfico ringl + pit, que eran los apodos de las dos artistas. En el marco de la Bauhaus, Stern conoce a un estudiante argentino, Horacio Coppola, con quien se casará unos años más tarde.
Pero así como la década del 20 fue en Alemania una época de libertad creativa, en la del 30 ya Hitler cierra la Bauhaus y Stern con su socia abandonan el estudio de Berlin y abren otro en Londres, donde deciden exiliarse ante el perfil antisemita que adopta el Reich. A mediados de los años 30, Stern ya acumula premios y reconocimientos además de ser la retratista por antonomasia de las grandes personalidades de la cultura europea. Pero la desgracia, aún en el exilio, no deja de talonearla. Su madre se suicida en Berlin; y en 1936, luego de que su socia dejara definitivamente Londres para establecerse en Estados Unidos, Stern a su vez parte con Coppola hacia Argentina donde empieza una nueva vida signada por su arte pero también por un fuerte compromiso con los demás refugiados llegados como ella huyendo de Hitler y el fascismo.
Recién instalada en Buenos Aires, Victoria Ocampo les ofreció a Grete y Coppola los salones de SUR para una muestra conjunta que fue ni más ni menos que la primera exposición en Argentina de fotografía artística moderna. Grete indaga, hurga, no deja territorio sin explorar con su cámara; fotomontaje, publicidad, foto de arte, arquitectura; retratos, plazas, patios, paisajes rurales y urbanos, gente, tierra, edificios, y hasta sueños de mujeres. Su obra fue definitoria en la renovación conceptual de los medios de comunicación, documentación y también publicitarios.
Su trayectoria como fotógrafa
va creciendo así como su prestigio, aunque a Stern le costó
imponer en Argentina –habituada al retrato formal y a la foto testimonial-
sus encuadres particulares y su visión a veces casi abstracta de las
composiciones, así como el hecho de situar a las personalidades en
su ámbito de trabajo, o las construcciones casi surrealistas que realizaba
por encargo de la revista Idilio donde representaba a través de fotomontajes
los sueños y frustraciones de las lectoras. Aún así Grete
no se queda quieta; recorre todo el país realizando una suerte de relevamiento
antropológico del gran Chaco que le vale una beca del Fondo Nacional
de la Artes (1964) para documentar la vida y costumbres de los indígenas,
trabajo que se materializará en una muestra de fotografías que
recorrerá el mundo.
Luego de un prolongado silencio durante
los años 70´, a principios de los 80´ Argentina le rinde
tributo a su arte, primero con una gran retrospectiva en la Fundación
San Telmo; luego en 1988 la editorial La Azotea de la excelente fotógrafa
argentina Sara Facio publica Grete Stern un libro de fotos con sus
trabajos más relevantes. Las muestras y salones seguirán convocándola
en Argentina y el mundo, y por su parte la Fundación Antorchas se encarga
de comenzar un trabajo de rescate absolutamente fundamental para la cultura
argentina: la conservación de sus negativos y fotos. Ya en 1995 (teniendo
Grete Stern más de 90 años y con su capacidad visual muy disminuida)
se realiza una importante muestra sobre su obra en el Museo Fernández
Blanco curada por Luis Priamo y en el mismo año se publica en Valencia,
España, un catálogo exquisito de la serie de Los sueños
(serie expuesta en agosto del año pasado también en la Galería
Principium).
El arte de Grete Stern nunca fue complicado y mucho menos hermético. La pureza estilística de la Bauhaus influyó en sus encuadres tanto como la fotografía norteamericana de Strand, Weston o Walker Evans le abrieron el camino de la sencillez del paisaje y la vida de las comunidades. Justamente el tratamiento del paisaje en este caso urbano, queda perfectamente definido en la muestra que actualmente se puede ver en la Galería Principium curada también por Luis Priamo. La mirada de Stern sobre Buenos Aires a la vez estética y connotativa, abarca desde los palacios más aristocráticos, a las casas chorizo, pasando por los Patios de Buenos Aires (maravillosa serie) y hasta –cómo faltaría- el Obelisco.
Desde el punto de vista técnico Stern usaba una Linhof 9 x 12 y doble Reflex 6 x 6 y trabajaba con una vieja ampliadora en su laboratorio donde usaba muy pocos recursos y trucajes; la calidad de la toma daba per se los matices de tonos y luces buscados en el mismo momento en que el ojo se posó en el visor y la mano apretó el disparador o la tripa. Los vintages datados de la época dan fe de la calidad de su obra que formal y técnicamente es límpida, casi purista.
La obra expuesta en Principium refleja
una Buenos Aires de mediados del siglo XX. Ya había colaborado como
diseñadora y fotógrafa en el Estudio del Plan de Buenos Aires,
y luego el geógrafo Francisco de Aparicio le ofreció fotografiar
la ciudad para un libro de la editorial Peuser (1953) con un relevamiento
completo de la ciudad y algunos suburbios que implicó más de
mil cuatrocientas tomas. Depurada de efectos, las fotos de Buenos Aires,
una visión fotográfica 1937-1952 aúnan el valor testimonial
y patrimonial al inmenso valor artístico de una serie poco conocida.
La vida de Grete Stern se apagó un 24 de diciembre del año 1999. Su obra marcó la historia de la fotografía del siglo XX, con la misma intensidad que la luz deja su huella indeleble en la película.