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Haz que se le caiga la baba

Mediante su teoría del condicionamiento, Pavlov logró que los perros se babearan al tocar un silbato. Aprendamos cómo aplicar el mismo concepto con el sexo femenino.

El concepto

Uno de los más importantes principios de la sicología fue descubierto por Iván Pavlov. Descubrió que con un sonido podía enseñarle a sus perros a salivar, si asociaba repetidamente la percepción de ese sonido con la vista de comida. Con esto, los perros aprendieron a predecir la presencia de su comida al escuchar el tono. Y la comida, créanme, les gustaba y los hacía babearse todos... Así los perros aprendieron a babearse al toque de un sonido, no importaba si había o no comida.


Vamos, llegó la hora de babearse.

Este fenómeno, conocido como condicionamiento clásico, está presente y afecta todos los aspectos de nuestra vida, especialmente aquellos no gobernados por el plano racional, como ser nuestra vida amorosa, donde las emociones juegan un papel muy importante. Frecuentemente son "inducidas" o "gatilladas" por ciertas circunstancias como resultado de experiencias de aprendizaje pasadas, es decir, de ciertas asociaciones.

Un ejemplo obvio es el miedo. El chico siente miedo a una paliza simplemente porque asocia paliza con dolor. Se aprende a sentir miedo debido a las asociaciones desagradables que se presentan ante ciertas situaciones. Por ejemplo, una persona puede sentirle miedo al dentista, o al sonido del torno, debido a que experimentó dolor durante el arreglo de sus dientes.

Una mujer atacada sexualmente puede desarrollar miedo a extraños, o frecuentemente a los hombres en general. También puede sentir miedo o ansiedad al pasar frente al lugar donde fue atacada. Se trata de la asociación de una situación especial, o de una persona, con una emoción, lo que causará que situaciones o personas similares dispararán emociones similares en un futuro.

Por el otro lado, pensemos en esa chica que años atrás hemos adorado. Si le encantaba la comida china, y a nosotros nos hacía descomponer, a menudo terminábamos en restaurantes chinos simplemente para darle el gusto. Como resultado asociamos la comida china con este Bomboncito que tanto nos gustaba, a tal punto que ahora nos encanta la comida china, o capaz que ahora sentimos una debilidad por determinado restaurante chino.

Puede ser que a ella le encantaba esquiar, y ahora nos gusta a nosotros. Tal vez le encantaban los animales, y ahora nosotros estemos estudiando veterinaria. O que cierta película que vimos juntos, ahora nos hace sentir de una manera especial aunque la chica haya desaparecido de nuestra vida. O una canción ("nuestra canción") que trae recuerdos y emociones. Lo que sea, el punto es que nuestros sentimientos hacia ella se han transferido a ciertos objetos, situaciones, o gente, como resultado de esta asociación.

La aplicación

Supongamos que nuestro Bomboncito presente siempre alguna de estas emociones: positivas, neutras o negativas. Nuestro objetivo será que nos asocie con las emociones positivas, y que nos separe totalmente de las emociones negativas. De este modo lograremos ser una persona carismática, siempre bienvenida, que induce emociones y sentimientos positivos, por simple acto de presencia.

Lo que tenemos que recordar es que debemos estar cerca cuando ella está de buen humor, y cuando no lo está, cuanto más lejos mejor.

Es notable cuánta gente hace exactamente lo opuesto, a veces incluso haciendo grandísimos esfuerzos para lograrlo.

Si aquella preciosura de la facultad está cansada porque estuvo levantada toda la noche estudiando, no es un buen momento como para invitarla a almorzar. Y si nuestra novia tiene "uno de esos días", dejémosla tranquila hasta que esté de mejor humor.

Evitándola cuando ella se siente mal, simplemente evitaremos la asociación de nuestra persona con sus estados emocionales negativos, lo que la llevaría a "considerarnos un causante de emociones negativas".

Si en cambio ella está de buen o mejor aún, buenísimo humor, entonces sí deberíamos pasar juntos todo el tiempo que podamos. No nos va a costar mucho esfuerzo, porque probablemente lo queramos hacer de todos modos.

Claro está que la situación es totalmente diferente si es tu novia o esposa y algún acontecimiento externo -tal como la pérdida de un familiar o de uno de sus mejores amigos- directamente la devastó. Si es nuestra media naranja entonces esperará que nosotros la consolemos, y será nuestra obligación estar disponibles para ella, para que se apoye y pueda sacar fuerzas de no se sabe dónde.

Pero si no es tu novia ni tu esposa, probablemente lo mejor que puedas hacer será dejarla tranquila hasta que esté mejor.