No la he visto ni sé si lo haré, pero el tema de la sinceridad -despojada de toda la irrealidad que sirvió de fundamento para la realización de una comedia- estaba rondándome hace días. Por rollos personales y ajenos, he estado pensando en cuáles son los límites "adecuados" para la sinceridad en una relación de pareja.
Mi madre, en más de una oportunidad, me dijo que hay cosas que NUNCA hay que decirle al marido. Hablo de mi santa madre, por lo que inferir que se refería a infidelidades reales y concretas, es inconcebible.
El lunes me junté con la Isabel y la Xime. Después de haber terminado el almuerzo, ésta última se atrevió a contarnos la verdadera razón de su angustiosa cara, muy diferente a la relajada que suele exhibir en público. Cuento corto: entre ojitos y roces casuales, se involucró con un tipo que trabaja con ella. Después, nada nuevo ni del otro mundo: culpa, arrepentimiento, ganas de apretar el botón que retrocede la cinta, ilusión de que si no se verbaliza es casi como si no hubiera pasado (por eso lo de esperar hasta el café antes de soltar su rollo), y una imperiosa necesidad de repetir el máximo de veces posible lo enamorada que está de Fernando, su marido.
Restando la dramatización del relato, no hubo sexo, ni manoseos. Nadie quedó en pelota: sólo hubo besos y confidencias. Porque a la Xime el tipo en realidad no le resultaba muy atractivo, pero siempre le ha gustado coquetear y jugar. Tragándose apenas las lágrimas, entendía poco lo que le decíamos. La Isabel le gritó que ni se le ocurriera decirle al Feña lo que había pasado, y yo me mostré de acuerdo: esa es la postura a adoptar.
Obviamente tiene mucho para procesar, asumir, concluir y cambiar, y la angustia negra comenzará a tornarse más y más gris según pasen los días. Y sí, siempre habrá una pequeña trizadura, pero eso es parte de ser adulto. La cara de la infiel seguía siendo de duda, mientras balbuceaba que para ella la sinceridad era lo más importante, que Fernando merecía saber la verdad, que no iba a poder vivir con ese peso.Y ahí fue cuando la Isabel no aguantó más y con la cara roja de rabia y sin una pausa, contó la verdadera razón por la que su maravillosa relación con Luciano terminó, hace dos años: él la gorreó, y apenas llegó a la casa que compartían, " la confesión".
No fue nada serio y la Isa lo sabe ahora y lo supo entonces. Pero eso no impidió que terminara con él pese a los arrepentimientos, súplicas y demases. Hace rato que su corazón perdonó a Luciano por meterse con otra, pero hasta hoy no puede perdonarle que se lo haya contado.
Es que lo que parece correcto a veces es en realidad lo más fácil y egoísta. Si la Xime va y le cuenta todo a su marido, ella quedará más aliviada. Pero ¿quién recoge los pedacitos del corazón de Fernando después que se estrellen en el suelo?
No pues, hacerse cargo de los propios actos implica hacer lo mismo con las consecuencias. Es duro, pero eso de que "la verdad aunque severa es amiga verdadera" sólo es una linda frase fuera de todo contexto. Y querer saber hasta lo que piensa el otro.un argumento simpático para la pantalla grande