Del amor al odio, sólo un paso

 

Las llamas de una pasión pueden acabar abrasando a los protagonistas de la historia. Y Dostoiewsky afirmaba: 'Enamorarse no es amar. Puede uno enamorarse y odiar'. ¿Por qué algunos amantes trasforman su relación en un infierno? Quizás porque la fusión que se da con el amado favorece la proyección de lo que no se soporta en uno mismo.

En la pasión amorosa puede producirse una dependencia extrema del amado. Nos hace ir en su busca, por un lado, y rechazarlo, por otro, debido al sentimiento de agresividad que todo sometimiento exagerado nos provoca. Odiamos al otro porque le necesitamos. Más que elegir, somos prisioneras de una necesidad que le confiere poder al cónyuge. La relación amorosa se convierte en una relación de poder. La maduración personal evitaría un enganche patológico.


¿Por qué nos enamoramos?

Cuando se está enamorado, la realidad sólo importa si el objeto de amor se encuentra cerca. La persona amada no es comparable ni reemplazable por ninguna otra. Se crea un proceso de fusión imaginaria con ella, produciéndose una experiencia subjetiva muy particular.

El enamoramiento, aunque el consumo lo utilice estos días para sacar provecho económico de él, ha existido siempre. Responde a la necesidad psicológica de encontrar un alma gemela, un alter ego, alguien con quien fundirnos: otro que nos haga volver al estado primigenio del que venimos y donde alucinábamos, creyendo que todo lo que queríamos estaba al alcance de nuestra mano. Estar enamorado es estar necesitado: depender totalmente del otro, pero gozar con ello. El goce es alto, ya que el enamorado vive un éxtasis que le hace olvidar las dificultades de la vida cotidiana.