¿Nosotras hablamos de amor
y ellos de sexo?

Somos distintos, desde todo punto de vista, existen grandes diferencias entre el hombre y la mujer. Más allá de las características físicas y funcionales femeninas y masculinas, ellos son más impulsivos, más pasionales y, también, más reservados a la hora de expresar sus sentimientos.

Sabemos que nos quieren, pero a veces nos encantaría que fueran más románticos, más cariñosos, y que le dieran menos importancia al sexo.

Por suerte, fuimos creados para complementarnos: el hombre y la mujer, con sus respectivas particularidades, encajan perfectamente como las piezas de un rompecabezas. Si ellos aportan la pasión, nosotras el romanticismo.

¿Ellos siempre están pensando en lo mismo?

Según los expertos, los hombres son más sexuales y tienen mayor capacidad de erotismo cuando aman. Por eso, aunque los dos consideren al sexo como una forma de expresión del amor que incluye placer y entrega, ellos piensan mucho más en sexo que nosotras. Además, para el hombre el acto sexual es una fuente de autoestima y, así, todo lo analizan desde este punto de vista. Joyce Brothers, autora de La mujer, el amor y el matrimonio, afirma que los hombres "ante todo se fijan en la imagen externa, en lo físico. Las mujeres, en cambio, conciben el amor como una amistad profunda, en términos de futuro".

Queremos más ternura

A las mujeres un simple beso nos basta para olvidarnos de las preocupaciones del día y un abrazo nos proporciona la seguridad y confianza que necesitamos. Según la agencia matrimonial Ann Landers de EE.UU., las mujeres consideran más importantes la ternura y el diálogo que el sexo mismo. No queremos decir que el sexo no sea importante, pero las mujeres preferimos más juego preliminar, más intimidad emocional y más romanticismo. El problema reside en que el mundo de las emociones para los hombres es casi desconocido: desde chiquitos les enseñaron a no hacer caso a los impulsos del corazón y así, sólo se dejan llevar por el instinto sexual.

Ni sexo sin amor, ni amor sin sexo

Pese a todas estas diferencias, ya dijimos que el hombre y la mujer se complementan, C.S. Lewis en Los cuatro amores apunta que el Eros, el amor que implica la sexualidad, hace que el enamorado desee sólo a su amada y no al placer ésta que le pueda procurar.

El verdadero encuentro, entonces, se produce entre dos personas enamoradas que generan un estado mágico, en el que se pone en marcha un proceso que sólo surge entre los dos, que no existía por separado. Así, por amor, la sexualidad del otro se acepta como distinta, se admiten las diferencias, se incorporan los deseos, se cede, se juega y se integra.

  


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