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Hay quien
afirma que la sexualidad es un instinto animal que responde a la necesidad
biológica de perpetuar la especie. Pero... en este innato y biológico
proceso ¿cuál es el papel de los juegos eróticos? La sexualidad y el erotismo
no tienen nada que ver desde el punto de vista biológico, pero a nivel
cultural... ¡Todo cambia! El sexo es un ámbito condicionado socialmente. Cada cultura impone un determinado comportamiento sexual. Una mujer pasiva y un hombre activo: este ha sido el canon habitual en las relaciones de pareja. Y para alterarlo en infinidad de ocasiones hombres y mujeres han recurrido a la imaginación. En la actualidad, los roles sexuales se han difuminado muchísimo y, sin embargo, las fantasías siguen. ¿Por qué? Las fantasías son un estímulo para la sexualidad. Al principio... Acabas de conocer a alguien que te ha seducido a primera vista... y, en principio, parece que la novedad debería ser suficiente. Pero... las fantasías surgen inmediatamente. Si realmente has quedado prendada no dejas de imaginar qué podéis hacer juntos y cómo. Sin limites. Sin vergüenza. Sin censuras. Quizá jamás llegarás a intimar con él, pero tu imaginación ya se ha puesto a trabajar. Para
romper con la rutina... La pasión
ha florecido y las fantasías no tienen porqué cesar. Nada impide que las
aventuras reales se complementen con las historias ficticias. Cuando la
pareja ha llegado ya a acomodarse en una cierta rutina... la fantasía
se convierte en el mejor estímulo para la innovación. Recurrir a los más
calientes recovecos que propone nuestra mente puede ser un sencillo y
práctico método para lograr que no decaiga el ímpetu del amor. ¿Con qué
sueñas, amor? Deja de soñar y... ¡vívelo! Cuando la confianza ya ha fraguado
completamente es el momento de liberar completamente todos los impulsos
sexuales; siempre que sea un juego en el que ambos participen voluntariamente.
Y siempre que el placer sea mutuo. Con
un desconocido... Puede que tu mente elucubre y trajine con las personas que conoces pero ¡nadie puede ponerle límites! Un desconocido que se cruza contigo en la calle, el cartero, tu actor favorito, tu profesor... cualquiera puede convertirse en el protagonista absoluto de aventura imaginaria. ¿Hay límites para las fantasías eróticas? Los paraísos eróticos a los que nos transporta consciente o inconscientemente nuestra mente son un oasis de placer. O por lo menos así debería ser. Las fantasías sólo tienen un límite: el propio placer. En el momento en que un sueño no produce bienestar se convierte en una fantasía perniciosa.
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