ANAÏS NIN.

UN AMOR QUE ERA VENENO...

"Es absolutamente cierto que nunca pienso en Hugh cuando estoy con Allendy o con Henry, como tampoco pienso en Henry cuando estoy con Allendy"

A la niña de once años, tez pálida y grandes ojos castaños le estaba resultando tedioso el viaje a New York. Encerrada en el camarote del vapor Montserrat que la traía desde Barcelona, crispó sus largos dedos, tomó un lápiz, y se animó a escribir: ¿Por qué hay que resignarse a que la vida de la mujer sea siempre derivativa, en el sentido de que la profesión del hombre crea el lugar, el marco, el ambiente, el modelo de vida iniciales?. Anaïs ya sospechaba que su vida se apartaría de lo convencional, de lo socialmente aceptable, y que nadie capaz de adoptar semejante posición lo haría sin tener el valor para no sucumbir.
No fue ese el único vapor que la acercara a otros destinos. Años más tarde, a bordo del New York, el ron y la música cubana reciben su desembarco en La Habana. Retiro involuntario con el fin de olvidar a Hugo Guiler, su primer amor, con quien se reencuentra meses más tarde en la isla y con quien finalmente se casará, aunque la vida con Hugo nunca dejará de resultarle vacía, neurótica y desasosegada, en particular luego de convertirse en amante de Henry Miller, uno de los escritores malditos de la novela erótica inglesa. La característica de mi lealtad con Hugh es fácilmente definible: consiste en no causarle daño. (...) Es extraño comprobar el amor de otro por una y conservarse intacta. Los bellos sueños de Hugh sobre mí. Los escucho, pero jamás pienso en ellos cuando Henry me acaricia. Es absolutamente cierto que nunca pienso en Hugh cuando estoy con Allendy o con Henry, como tampoco pienso en Henry cuando estoy con Allendy. (...)Ahora experimento una continua plenitud que también me permite dar plenitud a Hugh. Deseo que Hugh pudiera creerme, entenderme, perdonarme. Diario, 30 de octubre de 1932.
René Allendy (1889-1942) fue el primer psicoanalista de Anaïs Nin, allá por mayo de 1932. Tiempo después se analizó con Otto Rank, y con ambos mantuvo relaciones sexuales y amorosas. Tal vez lo iatrogénico del vínculo con ambos analistas haya sido otra de las manifestaciones de Anaïs por desafiar la moral que imponía sus límites a la sexualidad. 

Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré a el mundo. Me adapto a mí misma, escribiría en su Diario.

La relación incestuosa de Anaïs con su padre, Joaquín Nin, o el Rey Sol.


"Tenía al hombre que amaba en mis pensamientos; lo tenía en mis brazos, en mi cuerpo. El hombre que busqué por todo el mundo, que marcó mi niñez y me perseguía."

Anaïs persiguió siempre su independencia personal, calificada por ella misma como una mujer sin inhibiciones, exenta de toda moral, batalló por su reconocimiento en un mundo literario harto de detractores masculinos escandalizados por la osadía de esta dama con apariencia de junco, pero que a la hora de vivir y escribir no se acobardó por la maledicencia que estigmatizó su vida, sino que brilló. Y en su brillo reflejó impúdicamente los avatares del erotismo femenino, derribó los tabúes de la pacatería y la misoginia, y hasta fue capaz de ocultar bajo el cono de su sombra al mismísimo Miller.

El período más turbulento en la vida de Anaïs fue el que se extendió entre 1932 y 1934. De dicho período surge "Incesto", su obra más cruda, donde expone descarnadamente la relación incestuosa con su padre, el "Rey Sol", tras el reencuentro de ambos en 1933. "Habría querido terminar mi diario sin la confesión de un amor prohibido". Dice en su Diario, 2 de julio de 1933.
Y aquí, un fragmento de los hechos: "Me fui a mi cuarto, envenenada. Soplaba incesante el mistral, seco y cálido. Así llevaba días, desde que llegué. Destrozaba mis nervios. No pensé en nada. Me sentía dividida, esa división me mataba, la lucha por sentir la alegría, una alegría inalcanzable. La irrealidad opresiva. De nuevo la vida retrocediendo, eludiéndome. Tenía al hombre que amaba en mis pensamientos; lo tenía en mis brazos, en mi cuerpo. El hombre que busqué por todo el mundo, que marcó mi niñez y me perseguía. Había amado fragmentos de él en otros hombres: la brillantez de John, la compasión de Allendy, las abstracciones de Artaud, la fuerza creativa y el dinamismo de Herny. ¡Y el todo estaba allí, tan bello de cara y cuerpo, tan ardiente, con una mayor fuerza, todo unificado, sintetizado, más brillante, más abstracto, con mayor fuerza y sensualidad!. Este amor de hombre, por las semejanzas entre nosotros, por la relación de sangre, atrofiaba mi alegría. Y de este modo, la vida hacía conmigo su viejo truco de disolución, de pérdida de lo palpable, de lo normal. Soplaba el viento mistral y se destruían las formas y los sabores. El esperma era un veneno, un amor que era veneno..." 
Escrito en julio de 1933 en Chamonix a partir de notas tomadas en junio de ese mismo año sobre las vacaciones con El Rey Sol y Anaïs en Valescure. 

N. de la R.: Anaïs Nin nació en París en 1903 y murió en Los Angeles en 1977.

Bibliografía consultada: Anaïs Nin, "Incesto, Diario no expurgado. 1932-1934". Emecé Editores. 1995.





 

 



 

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