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Cómo seremos en el futuro

Fuente:muyinteresante.es

Animales que nos harán compañía

El equipo de especialistas en técnicas 3D y animaciones por ordenador que desarrollaron la famosa serie Caminando entre dinosaurios (ver MUY 226 ) anda enfrascado en una nueva serie de televisión para la BBC sobre la evolución de las especies y del planeta en los próximos 5, 100 y 200 millones de años. Las criaturas que aparecen en la serie, así como los ecosistemas, han sido reconstruidos con el asesoramiento de un equipo de biólogos evolucionistas encabezado por el prestigioso paleontólogo Dougal Dixon. A lo largo de los 13 capítulos, se nos muestran criaturas tan fascinantes como superpingüinos asesinos, abejas vampiro de un metro de longitud, cucarachas gigantes, hormigas depredadoras y calamares voladores.

Sobre estas líneas, diseño en 3D de un ratch, roedor del tamaño de un hombre. A la derecha, el rattlebacks, descendiente del mapache.

Así tendríamos que ser para vivir 100 años

Un grupo de científicos estadounidenses ha detallado en la revista Scientific American las principales mejoras anatómicas que deberíamos experimentar los seres humanos para vivir más de un siglo sin sufrir los achaques típicos de la vejez. En realidad, la naturaleza no nos diseñó para durar mucho.

El cuerpo ideal: más bajos, orejudos y echados para adelante.

HUESOS

A partir de los 30 años, los huesos empiezan a desmineralizarse, lo que aumenta el riesgo de sufrir fracturas. La situación se agrava con la osteoporosis, patología que debilita la estructura del tejido óseo. La pérdida de minerales también causa incurvación de la columna dorsal, que origina la llamada chepa de la viuda.

Mejora. Reducir la estatura, ya que de este modo se consigue que el centro de gravedad esté más bajo. Esto podría evitar las caídas achacadas a las desmineralización de los huesos. Debido al progresivo envejecimiento de la población, los expertos estiman que en el año 2025 la osteoporosis provocará 6,3 millones de fracturas de cadera a nivel mundial, cifra que cuadruplica la registrada en 1990.

COLUMNA VERTEBRAL

Cada vértebra está separada de la siguiente por una especie de almohadilla que recibe el nombre de disco intervertebral. Con el paso de los años, la presión sobre estas estructuras puede causar su abombamiento o, en el peor de los casos, que se rompa. Hablamos entonces de una dolorosa hernia discal.

Mejora. Unos discos intervertebrales de mayor grosor amortiguarían mucho mejor las sobrepresiones en la columna. De este modo, además de las hernias discales, se prevendrían la ciática, que aparece cuando el disco presiona e inflama el nervio ciático, y la artrosis, que se caracteriza por una pérdida de líquido en el disco. Éste se hace más delgado y deja de cumplir su función amortiguadora.

CAJA TORÁCICA

Nuestro tórax está protegido por una coraza ósea constituida por 12 pares de costillas. En su interior se hallan alojados el corazón, los grandes vasos arteriales y venosos, los pulmones, la tráquea, el timo y el esófago. Ahora bien, la caja torácica deja desprotegida la mayoría de los órganos internos.

Mejora. Una caja torácica con un número mayor de costillas cubriría y protegería otros órganos vitales, como el estómago, el hígado y los riñones. Además, ayudaría a prevenir las hernias y otros problemas viscerales, al mantener los órganos internos en su posición original de un modo más eficaz.

 

MÚSCULOS

A medida que envejecemos, el tejido muscular va perdiendo tanto su masa como el tono. Esto puede ser fatal para la pared abdominal, ya que cuando su musculatura se torna laxa aumenta el riesgo de que se formen hernias en el abdomen: los intestinos, debido a su propio peso, rompen la pared por un punto débil y se proyectan hacia afuera.

Mejora. Más músculos y más grasa retrasarían la atrofia que, en las personas mayores, puede llegar a impedir todo tipo de actividades. Por otro lado, esta modificación añadiría peso a los huesos, lo que serviría para contrarrestar los efectos de la mencionada desmineralización ósea. Una capa mayor de grasa también puede actuar como un amortiguador ante las caídas, lo que prevendría muchas fracturas en edades avanzadas.

CIRCULACIÓN

El mal funcionamiento de las pequeñas válvulas repartidas por el interior de los vasos sanguíneos propicia la aparición de varices.

Mejora. Un número mayor de válvulas en el sistema venoso de las piernas contrarrestaría el desarrollo de venas varicosas. Recordemos que estas válvulas permanecen cerradas entre las contracciones cardíacas, para facilitar que la sangre se mueva hacia arriba, en dirección al corazón. Si estas puertas funcionan de forma defectuosa, la sangre queda retenida en la extremidad inferior.

CUELLO

La actual inclinación de la columna propicia las lesiones en la espalda y el debilitamiento muscular.

Mejora. La inclinación del tronco hacia adelante alivia la presión sobre las vértebras. Por otro lado, si éstas fueran más gruesas y el cuello estuviera incurvado, la cabeza se mantendría derecha con la cara hacia adelante.

CABEZA

Los expertos sostienen que unos retoques de diseño en los ojos, los oídos y los conductos traqueoesofágicos nos ayudarían a encarar más sanos la vejez

 

 

 

Los ojos

Con el paso de los años, la córnea se hace menos transparente, los músculos que controlan la apertura del iris y el enfoque del cristalino se atrofian.
Este último se torna más grueso y amarillento. La retina puede desprenderse en edades avanzadas.

Mejora. No resulta sencillo corregir estas deficiencias de diseño, pero el riesgo de sufrir un desprendimiento de retina sería menor si el nervio óptico estuviera adherido a la cara interior del tejido retiniano.

Las vías respiratorias

Al comer, los ancianos pueden atragantarse con más facilidad, debido a la merma del tono muscular de la epiglotis, la válvula que cierra la tráquea cuando el bolo alimenticio baja hacia el esófago. Mejora. La elevación de la tráquea mejoraría el tránsito de los alimentos por este conducto. Pero hay un inconveniente: no podríamos respirar por la boca y hablar.

Los oídos

Nuestro sistema auditivo es extremadamente sensible a las altas frecuencias. Los sonidos muy fuertes pueden dañar irreversiblemente las células ciliadas del oído interno o caracol, que convierten la energía mecánica de las ondas sonoras en impulsos eléctricos. Éstos son luego enviados a los centros auditivos del cerebro.

Mejora. Aumentando el número de células ciliadas, así como su resistencia, se prevendrían ciertos tipos de sordera y el oído funcionaría correctamente durante más tiempo. Por otro lado, estaría bien que el pabellón auditivo, o sea, las orejas, se alargara y adquiriera movilidad, como ocurre en otros mamíferos. De este modo, se mejoría notablemente la eficiencia de nuestros oídos.

VEJIGA Y PRÓSTATA

Vejiga (mujer)

 

Sus músculos y ligamentos se deterioran con los años. El proceso se acelera después de múltiples partos: los músculos del suelo de la pelvis y la vejiga, así como los ligamentos que la sujetan, pueden distenderse. La principal consecuencia de esto es la incontinencia urinaria.

Mejora. Los puntos débiles de la vejiga se pueden rectificar cambiando el esfínter vesical por otro más robusto y dotando al órgano de unos ligamentos más resistentes.

Próstata (hombre)

 

En uno de cada dos hombres, la próstata –glándula que rodea la uretra– aumenta de tamaño en algún momento de la vida. Esta situación comprime la uretra y dificulta la micción: la orina estancada favorece las infecciones y la formación de dolorosos cálculos.

Mejora. Con una uretra recostada sobre la próstata se evitaría que ésta fuese estrangulada por su vecino prostático.

 

ARTICULACIONES

Para facilitar su movimiento y disminuir la fricción, los extremos óseos de las articulaciones aparecen cubiertos por cartílago. Las articulaciones también están provistas de una membrana sinovial, que forma la cápsula sinovial. Sus células producen un lubricante que, con el paso de los años, empieza a menguar. Esto puede degenerar en una osteoartritis u otro proceso inflamatorio.

Mejora. Modificar la estructura de las rodillas para que puedan curvarse hacia atrás. De esta manera, la probabilidad de que sus huesos se rocen directamente uno contra otro se reduce ostensiblemente. El único inconveniente de esta adaptación es que, al no existir un mecanismo de bloqueo, el estar de pie durante mucho tiempo se puede hacer molesto. Tampoco estaría de más que los músculos y los tendones de la pierna se hicieran más largos, para así soportar mejor toda la extremidad inferior y la cadera.

 

 

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