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SOBRE LA FELLATIO O FELACIÓN... CONOCIDA TAMBIÉN COMO MAMADA

Desde que a cierto famoso presidente, cuyo nombre no viene al caso por ser de dominio público, se la mamaron no ha mucho, esta práctica se ha puesto sorprendentremente de moda, es decir, se habla mucho de ella. Incluso alguna recientísima encuesta concluye con que una felación no es una relación sexual –¡qué cosas!–, aunque no todo el mundo termina por ponerse de acuerdo.

Lo cierto es que, a pesar del puritanismo mojigato que sigue invadiéndonos y de la inmoral moralidad hipócrita y desmoralizadora que a toda costa se nos sigue queriendo imponer, la felación o mamada es tan vieja como el mundo mismo, la han conocido y conocen todos los pueblos y se viene practicando en todos los tiempos.

 

 

TODOS QUIEREN OPINAR... AUNQUE NO TODOS MAMEN

Dicen algunos psiquiatras que el gusto por mamar tiene que ver con la rememoración subsconciente de aquella época en que siendo infantes, o infantas, mamamos de las tetas de nuestra madre. Opinan otros que esta práctica tan común se emparenta con la vieja creencia de que el bebé necesita de la leche del padre –entiéndase semen– mientras dura su gestación, nada menos. Otros son del parecer de que la felación tiene mucho más que ver con el sadismo y con el sometiemiento de la hembra por parte del varón. Claro que, tampoco es desconocida la teoría de que quien se convierte en esclavo es el varón, que una vez que se la han mamado bien, ya todo le parece "moco de pavo".

Como en esto de las opiniones cada uno tiene la suya, para algunos el practicar la felación es una acto heroico por parte de la mujer, "una prueba de amor más grande que dejarse montar, porque hace falta una determinación extraordinaria o, lo que viene a ser lo mismo, un grado de inconsciencia difícil de imaginar. Y con mayor razón cuando es la primera vez". Lo dice José Pierre en su libro más famoso, y él sabrá por qué lo dice.

TOCAR LA FLAUTA O EL AUPARISTKHA

"Tocar la flauta" es la manera china de denominar al sano y divertido ejercicio de la felación, y lo es porque en la China tradicional el pene tiene el bonito nombre de "flauta de jade". Como dice el viejo clásico El Loto Dorado, "tocar la flauta supone una práctica delicada y estimulante, a través de la cual la mujer llega a conocer el carácter y los placeres sutiles del lingam". Como ven, más opiniones.

Por su parte, los antiguos hindues, que también lo conocían desde tiempos inmemoriales, llamaban a este asunto "auparistkha" o amor bucal. Pero para ellos era sólamente el preámbulo del coito, pues el semen en Oriente se ha tenido por cosa sagrada que no debía derramarse fuera de la vagina. Ya el Kamasutra recomienda cómo debe practicarse, y lo hace con el refinamiento y la sofisticación que caracteriza a este tratado sobre erotismo. Antes de proceder al chupamiento, la cortesana "debe primero besar el labio inferior del hombre, enseguida los ojos, después las mejillas, la boca y el ombligo". A continuación pasará su lengua sobre la vena gruesa del pene, a la que llamaban "tocar de Indra", y sobre las "dos palomas" o aletas del glande, para concluir en el "río sagrado", que no es sino el canalillo que marca la simetría del miembro viril. "Se dice que son necesarios treinta besos en el río sagrado para dar placer a un hombre, ventiocho sobre el tocar de Indra y treinta y nueve sobre las dos palomas". Ni uno más ni uno menos. Eso sí, al beso número veinte la cortesana deberá retirarse "y completar la caricia de auparishtakha con el coito".

MÁS RELACIONES DE AYER Y DE HOY

Que a los romanos no les disgustaba que se la chupansen, parece documentarlo aquella inscripción que todavía se conserva en Pompeya, seguramente en lo que fue un antiguo prostíbulo, y que dice… MARCIA LA CHUPA BIEN. Tampoco podemos olvidarnos de Cleopatra, reina de Egipto, que se ganó el expresivo apodo de "La Boquiabierta", porque en una sóla noche se la mamó a cien soldados de su guardia personal. Pero igualmente mamaron griegas, egipcias, babilonias y hasta prehistóricas mujeres de la noche de los tiempos. Son abundantes las figuras y grabados que lo atestiguan. Por ejemplo, la cultura mochica del antiguo Perú nos ha legado centenares de figurillas tan explícitas, que todo parece indicar que la practica felatoria era común, especialmente mientras las mujeres estaban embarazadas. Por el contrario, muchos pueblos indios de norteamérica, aunque no desconocían esta práctica, la rechazaban porque estaban convencidos que ahuyentaba a los salmones.

Pero, con el paso de lo siglos, quizá sean los franceses quienes han venido pasando por ser los más aficionados a este tipo de práctica, si tenemos en cuenta que "hacer un francés" es un eufemismo que esconde el significado de chupar el pene, aunque vaya usted a saber. Lo cierto es que un famoso francés llamado Pierre Louÿs, escritor por más señas, hace decir a cierta prostituta en un pasaje de una de sus obras: "¡Ah, que mierda de profesión! (…) Estoy hasta el gorro de encharcar las amígdalas con ese jarabe seis veces en una hora. Con los tíos de París resulta siempre lo mismo: ‘¡Vamos! ¡Bésamela…! No me gusta follar, prefiero una buena mamada’. La verdad, no sé por qué diablos tengo un coño."

Ya en nuestros días, también han quedado felaciones para la posteridad, tan explícitas y famosas como la que tiene lugar en El imperio de los sentidos, o la que practica a su joven compañero de reparto Mariscka Detmers en El diablo en el cuerpo. Claro está, sin olvidarnos, entre tantos y tantos otros títulos, de la ya clásica Garganta profunda, donde la actriz Linda Lovelace no sólo mamaba, como muchos recordarán.

ANHELO CHUPATORIO PASIVO

Está claro que a la mayoría les gusta que se la chupen, pero, más aún, y cosa más frecuente de lo que pueda suponerse, eyacular en la boca de la pareja y que ésta se trague el semen. Es, seguramente, la fantasía erótica masculina más extendida –junto con otra que le va cercana, cual es la de eyacular en el rostro de quien se la está chupando a uno–, aunque también lo sea muy secreta por cierto. Basta asomarse a la literatura para reparar en ello. "Y hasta que no sentí la punta de mi dardo tocar en lo más hondo de sus cuerdas vocales, la vibrante guitarra origen de la voz señuelo, no hice estallar mi lluvia seminal dentro de ella, que se estremeció brúscamente, añadió grados de luz a su perenne palidez y terminó de succionarme unos segundos hasta que, tras engullir la última gota, sólo pudo extraer aire". En este caso la descripción es de Pedro Sempere, el autor de Fritzcollage.

Otras veces, la ingestión del líquido viril puede ser compartida, como sucede en cierta obra de Mandiargues: "…hasta que el rostro de Viola bajó otra vez a lo largo de mi cuerpo, y noté que me chupaba. Había atrapado el glande de un golpe, sin tocar el mango, y lo importunaba con exquisitas sacudidas…" Y ojo al dato, porque añade: "…de una forma que se me antojó decididamente encantadora, pues siempre me ha fastidiado que me chupen, como suelen hacerlo las putas, con la punta de los labios únicamente". Y, a lo que íbamos: "No tardé mucho tiempo en eyacular, pues llevaba varios días sin vaciar los testículos. Volvió entonces Viola a tumbarse sobre mí, y sus labios depositaron en mi boca una parte del néctar que yo acababa de perder en la suya. Lo engullimos los dos a un tiempo…"