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Los Secretos de Victoria!!!
El presidente de Victoria’s Secret y sus colaboradores más cercanos revelan las claves de una marca que vende billones de dólares en pura ropa interior.
Entre la morbidez del algodón y el desenfreno del sex shop, un mundo de sensaciones que apuesta a una masiva exclusividad.
Trescientas setenta y cinco millones de personas. Como si la población entera de los países del Mercosur y un poco más se abalanzara sobre los buzones de sus casas y rompiera sobres con desesperación en busca del catálogo que lanza al mercado Victoria’s Secret. Cada temporada, cada San Valentín o cada día de la madre representan una buena excusa. Es una marca que en lugar de clientes tiene fanáticos
Vende lencería de lujo, underwear, lingerie. Exóticos nombres para denominar a los artículos en base a los cuales construyó fortuna y prestigio: bombachas y corpiños. Muchas bombachas y corpiños tiene que vender Victoria’s Secret para alcanzar la cifra de cinco bi-llo-nes de dólares con la que cerró su balance el último año. Hay algo más, se sospecha.
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El secreto de Victoria está en convertir un artículo de primera necesidad en ese oscuro objeto del deseo. Y en propagar alrededor del mundo una especie de fiebre por la ropa interior. ¿Cómo? Desde sus oficinas de Columbus, Ohio, el Victoria´s Secret team se niega a responder esa pregunta con el mismo énfasis con el que guardan la identidad de la tal Victoria. Esa mítica mujer, si existió, que tenía un secreto y dio nombre al negocio, fue preservada con una discreción digna de un programa de protección de testigos del FBI.
Pero hay fragmentos de la historia, como para armar el rompecabezas.
Había pasado el auge de la revolución sexual cuando, en San Francisco y a mediados de los setenta, un comerciante anónimo puso una tienda de ropa interior femenina. Algo de lujo y mucha comodidad, pensó, sin imaginarse que la primera bombacha que vendió por tres dólares sería la base del imperio de ropa interior más imponente de la historia. El catálogo, que también comenzó a publicarse por esa época, no fue una estrategia de marketing. Semejante cosa estaba lejos, muy lejos de los cerebros de la publicidad. Como no tenía posibilidades de abrir otros negocios, el catálogo le permitía al comerciante (llamémosle X) recibir pedidos de otros puntos del país.
Hoy Victoria ostenta 900 locales alrededor de los Estados Unidos. Son todos iguales. En la decoración intervienen expertos en marke-ting y nada está librado a los caprichos del buen gusto. Domina el co-lor rosa. Sí, muy femenino y eso. Pero la elección es mucho más compleja que la histórica asociación de ese tono co
n “las nenas”. Un estudio (les) demostró que el rosa tranquiliza ansiedades varias, relaja y provoca en la clientela una fuerte tendencia a permanecer en el lugar y pasear por los percheros. Primer paso, la gente adentro del negocio, cumplido.
Las fragancias que impregnan lugar, ropa y hasta vendedoras varían según la temporada. Pero lejos de los desodorantes de ambientes para que “huela rico”, un equipo de expertos en aromaterapia se reúne cada año para estudiar la relación olores-sentidos y analizar cómo despertar en las clientas la sensación de bienestar dentro de los locales. Si se sienten bien y relajadas, no quieren abandonar ese feeling, y llevándose algo a casa recordarán una y otra vez cómo se sintieron esa tarde.
En Victoria’s Secret conocen el comportamiento de las mujeres mejor que sus propios psicoanalistas. Trabajan con su deseos y sus frustraciones y saben de lo vulnerable que es el género frente a un espejo de cuerpo entero, sobre todo si la imagen es en bombacha y corpiño, iluminada con esa implacable luz de probador.
Y como de nada sirve tenerlas abarrotando el negocio con ganas de comprarse todo y sin ganas de probarse nada, convierten el momento maldito en una experiencia que hasta podría ser gratificante. Las luces son tenues, de esas con las que la celulitis apenas se adivina. Los espejos tonalizados no se muestran fríos y agresivos y los vestidores son espaciosos y, muy importante, cerrados: tienen puerta con traba anti-vendedora.
Sin revelar el secreto, Victoria’s Secret deja adivinar parte de la mística y así comienza a entenderse qué fue lo que hizo a dieciséis mi-llones de mujeres correr el último año tras la nueva bombachita de la línea Body By Victoria. “Tener ropa interior nueva hace sentir a la mujer algo parecido a cuando está enamorada. En la calle nadie sabe por qué, no se ve lo que lleva puesto, pero ella se siente única y especial”, comentan ellos, vía mail, desde las oficinas de Ohio.
¿Pero eso alcanza para explicar la “religión Victoria” con miles de millones de f
ieles en todo el mundo? Porque si se suman los catálogos de temporada, las ventas y los más de tres millones de internautas que cada año siguen los desfiles por Internet, “mil millones” no parece una cifra exagerada. Más los incontables neoyorquinos que se reúnen frente a la gigante pantalla de Time Square con más entusiasmo que el día de año nuevo para seguir el bamboleo de las chicas Victoria en las presentaciones de la colección de temporada. Obvio: en el mundo Victoria hay chicas Victoria. Las modelos saben que su cachet puede dispararse con sólo cruzar la pasarela enfundadas (es un decir) en un Victoria’s Secret. Pero son pocas las que pueden darse el lujo de pasearse semidesnudas frente a los ojos del mundo, en vivo y en directo, sin lugar para retoques de Photoshop ni las luces de un estudio.
El casting, dicen, es uno de los más agresivos del ambiente. Las evalúan vestidas, desnudas, en camisones y baby dolls. Diez pares de ojos al mando del presidente de la compañía, Ed Razek, las escu-driñan. No basta con que la balanza marque esos cuatro o cinco kilos bajo el peso normal. Quieren caderas importantes y redondeadas. Pero naturales, no de gimnasio.
Buscan las del movimiento perfecto, un bamboleo por pisada, firmeza más que vibración, que eso queda para la clientela. Debe moverse algo, un poco, lo justo. Y Ed Razek se jacta de conocer como nadie cuando una modelo viene y se va, come il fault. Pocas tetas operadas, casi tan prohibidas sobre la pasarela como la obesidad. “El límite entre lo fino y lo grotesco cuando se trata de ropa interior es muy endeble. Las chicas tienen que ser y verse naturales, porque sino corremos el riesgo de que se transforme en un desfile de un sex-shop cualquiera”, cuentan desde allá.
“Las chicas”, algunas, son Laetitia Casta, Tyra Banks, Heidi Klum, Giselle Bundchen y las autóctonas Yamila Diaz Rahi y María Inés Rivero, la única mujer que logró deslumbrar al presidente de la compañía, hombre que sostiene: “No importa lo que ella se ponga, es tan etérea que siempre da fina”. Pampita, tras su último trip a New York, promete colarse en algún catálogo de la próxima temporada.
Hay que decir que existen artículos en los locales de Victoria que parecen salidos de esos “sex shops” que, por obvios y poco sutiles, tanto los horrorizan. Bodies atigrados cola-less, transparencias con plumas y esos conjuntitos que, depende donde cuelguen, dan idea de sofisticación o de burdel barato. Pero ese es, también, parte del secreto. Treinta mil personas trabajan en la compañía para que una mujer se sienta: sofisticada-femenina-aniñada-tigresa-o-lo-que-sea.
El equipo de diseña
dores que durante un año desarrolla el concepto para la próxima temporada trabaja sobre dos ideas básicas: confort y lujo. Todas las prendas, hasta la más obvia de las panties de algodón, deben reflejar eso. “Todas quieren ser sexies en la intimidad. Para otros y para ellas mismas”, repiten cual dogma.
Para saber qué es cómodo, hacen exhaustivos estudios sobre la población femenina: que rechaza los corsets y el color marrón; que adora las transparencias no agresivas (de colores), los detalles sutiles, el algodón blanco, el cola-less, el roce del satén y la nueva línea sin costuras que pasa desapercibida bajo la ropa, disimula panzas y simula tits de quinceañera. Para saber que es sexy indagan en el mundo masculino. Y cientos de hombres han dado una sorpresa con su sentencia hace un par de años. Para uno de los estudios respondieron que no hay nada tan sexy como una mujer desnuda, con una camisa de hombre. Ni plumitas ni encajes. Una camisa. Así nació en sus dife-rentes variantes el modelo de camisón más vendido de la firma.
El secreto de Victoria no es uno solo. “Parecer más exclusiva de lo que realmente se es”, argumenta otro de los preceptos de la religión. Pero no aplicado hacia sus clientas sino hacia la firma misma. No es cara y sí democrática en sus talles. Las clientas pueden comprar esa tanga verde transparente que muestra las nalgas perfectas de Tyra Banks, por doce dólares y en talle extra large. Lo que las chicas del catálogo muestran no es privativo de cuerpos perfectos y bolsillos todo terreno.
El trato es el mismo para todas, paguen con unos pocos dólares arrugados o con la American Express Platinum.
¿Qué quieren las mujeres? No es sólo el título de la película que protagonizaron Mel Gibson y Helen Hunt. Es la pregunta obligada en los pasillos de las oficina de la firma. Y ante la duda: prueba y error. Los fracasos terminaran en una mesa de sale al fondo del salón y al estilo 3 x 10. Los éxitos se repetirán en infinitas variantes. ¿Los más vendidos? La colección “satén como segunda piel”; “Algodón exclusivo” y el “Miracle Bra” o “corpiño milagroso”. Para celebrar el éxito de este último, la compañía presentó un corpiño fantasía con un diamante de cuarenta y dos quilates incrustado en el escote: tres millones de dólares y sólo podía encargarse por correo. La audacia de presentar ropa interior como joyas exclusivas se repite desde 1996. En 1999 el Millenium Bra (todas variaciones del Miracle) subió la apuesta y presentó a Heidi Klum con diez millones de dólares repartidos entre una mínima tanga y un corpiño de brillantes. Jamás nadie encargó ninguna de estas piezas. Pero el éxito publicitario les obligó a repetir la jugada.
En el 2000 fueron quince los millones que se calzó la brasileña Giselle Bundchen entre rubíes Thai montados sobre oro dieciocho quilates. “La idea es que cada mujer con un conjunto de Victoria se sienta como si valiese un millón de dólares... o más”, explica el team la relación entre una piedra preciosa y un conjunto de ropa interior.
Hay algo del secreto que empieza a descubrirse entre sus velos: Victoria parece tener más que ver con los hombres que con las mismas mujeres. Gran parte de sus fanáticos son varones a los que se puede ver recorriendo los negocios en medio de un éxtasis desenfadado, buscando la textura que protegerá el tesoro más preciado de sus mujeres.
El último desfile de Victoria’s Secret en Cannes, trasmitido por Internet, saturó los servidores. Y desde la compañía se calcula que, de los tres millones de usuarios que lograron conectarse, más de la mitad fueron hombres. Victoria es todo sutilezas y vive su fantasía desde los ojos de un espejo que hace aflorar los sentimientos más impares.
Las mujeres que se enfundan en sus diseños, se miran, se rozan y gozan al sentirse tocadas por telas increíbles. Reviven sus fantasías y se encuentran desnudas y desvergonzadas ante sus disfraces. Se visten para ellas y juegan en los vestidores a ser hombres que desean ese reflejo.
Porque los hombres son el secreto a voces de la tal Victoria. Fueron y son hombres: quien fundó ese primer negocio, quien preside la compañía hoy, el diseñador estrella y el responsable del marketing.
Hombres, todos hombres. Son ellos finalmente en el mundo Victoria quienes visten la intimidad de las mujeres.
Parece que sólo ellos saben cómo les gustaría a ellas, más tarde, ser desvestidas
fuente de nota:
www.larepublica.com.pe