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Inventor de una marca con estilo
Federico Bonomi
Hace 10 años creó Kosiuko, que sólo con su logo define la tendencia en ropa, desodorantes, anteojos o música.
La plancha de corcho cubierta de fotos, la i-Mac, la bola espejada estilo disco que parece no detenerse, compacts apilados. Huele a espíritu adolescente pese a la notebook, los muebles de último diseño y el camino entre montañas de jeans, telas, cajas y empleados ocupados que conduce hasta allí.
Sentado sobre un sillón de cuero blanco minimalista, Federico Bonomi preside su oficina en zapatillas, jeans y saco de cuero marrón, con el pelo cuidadosamente desprolijo y una gripe que igual le permite sonreír. Del proyecto casero a una marca que con sólo exhibir el logo no precisa de más explicaciones, han pasado los últimos 10 de los 35 años de Bonomi, CEO de Kosiuko y fundador de la compañía junto con su mujer Cynthia Kern.
Estudiante de publicidad, el ahora empresario y su mujer descubrieron su pasión por las telas en 1992. "Empezamos haciendo ropa para venderle a amigos. Tratábamos de vender 100 prendas para tener plata para hacer 150 y así", recuerda Bonomi.
El boca a boca funcionaba y el negocio casero dejó de serlo: "Nos encontramos con un volumen que era demasiado grande para las ferias. Ahí nos planteamos que lo que queríamos tener era una marca con todas las letras y nos empezamos a especializar en ropa para ir a bailar".
CHEQUERA AUDAZ. Confiado en el crecimiento que había experimentado en esos meses, Bonomi se dispuso a jugar en Primera. "Apenas con una chequera, nos presentamos en Alto Palermo, dijimos que teníamos una propuesta para un segmento chiquitito, y nos dieron un espacio. Fue bastante jugado", admite mientras toma su primer respiro: Bonomi habla sin parar y la música tecno-industrial que empezó a sonar sin aviso le marca el ritmo.
Los cheques empezaban a salir y la siguiente parada volvió a mostrar la audacia de Bonomi y Kern.
"Fui a ver a Pancho Dotto y le pedí a Lorena Giaquinto –relata–; Pancho se me rió en la cara". Claro, la cordobesa era la modelo top del momento. El poder de seducción de Bonomi hizo el resto y el manager accedió.
Cansados de pensar nombres y rebotar contra el registro de marcas, Bonomi y su esposa hicieron girar un globo terráqueo y el azar los llevó a Australia. "Caímos en un monte que se llama Kosiusco, pero como sonaba medio feo, le sacamos la s y le pusimos otra k. Si la gente lograba identificarlo, no se iba a olvidar más".
La elección del logo fue un anticipo de lo que años después sería uno de los rasgos distintivos de la marca: "Queríamos internacionalizarnos y por eso lo hicimos totalmente oriental. Quedaba entonces un nombre que sonaba a Europa del Este, un logo oriental y un slogan en inglés: The modern look industries".
REACCIÓN EN CADENA. Al primer local en Alto Palermo se sumó otro en Alto Avellaneda y una sucesión de puntos de venta en todo el país. Sin franquicias (un sistema en el que Bonomi no cree), Kosiuko produjo una fidelización creciente gracias a la toma de riesgos. "Mientras las grandes marcas cobraban por la cartelería, nosotros la regalábamos". La estrategia rindió sus frutos: el 70% de los clientes sigue en contacto con la firma.
El empresario entonces decidió poner un pie en un mercado distinto. "Por eso empezamos a pensar en hacer jeans. Cynthia trabajó muchísimo el diseño y decidió relanzar los tiros bajos, volviendo a los ‘70. Estuvimos 6 meses aprendiendo lo que era el denim". Era 1996 y las fronteras se empezaron a abrir. "Empezamos con la receta exportadora, que ahora es moda". Se inauguraron locales en Uruguay, Paraguay, Miami, Venezuela, Perú, Guatemala, Colombia, Costa Rica, México, luego Holanda, España, Corea y Rusia.
El reconocimiento internacional y la avidez de la grandes cadenas norteamericanas por vender productos de Kosiuko los ubicó con gran fortaleza en el mundo. Las revistas de moda más importantes del mundo empezaron a publicar sus avisos y los embarques al exterior no tenían una sola prenda de devolución. Llegó el premio al mejor jean femenino del mundo de la revista Sportswear y los famosos no fueron ajenos a la tendencia: la actriz Daryl Hannah eligió un vestido de la marca para la gala de Farm Sanctuary, una organización que lucha por los derechos de los animales y Britney Spears decidió usar un jean Kosiuko para su video-clip Overprotected.
DESDE ADENTRO. En pleno ascenso, Kosiuko llegó a la devaluación con el desafío de no detener su marcha. "Cuando todos empezaron a mirar hacia afuera, nosotros empezamos a mirar para adentro con más ganas que nunca. Era un buen momento para reposicionarse en el mercado interno". La inversión interna tuvo su más reciente hito en la reinauguración del primer local en Alto Palermo, en mayo pasado.
Con permanentes ansias de expansión, Bonomi y Kern fueron cumpliendo el objetivo de extender la marca. Surgió la línea de desodorantes y las dos apuestas más recientes: una joint-venture para crear una línea de anteojos junto con el grupo Ranieri (el mayor productor de la Argentina) y el lanzamiento de KSK Records, un sello discográfico de música electrónica, segundo paso de una división digital que empezó con la venta de CDs virgen y que antes de fin de año continuará con una radio. "Le vamos a cambiar el eje a lo que es la frecuencia modulada, con un proyecto que será revolucionario", anticipa.
La diversificación de las unidades de negocios puede ser interminable, siempre que se respete la filosofía vanguardista que pregona Bonomi: "En el futuro, la ropa será una división más". Sin descuidar su familia ("Mis hijos Luca, Micky y Fiona son mi cable a tierra", dice), Kosiuko piensa subir un 30% la facturación en 2003. Mantiene en reserva la cifra por cuestiones de seguridad.
"Kosiuko es una marca argentina cuyo logo no necesita más la palabra", repite orgulloso el creador de ese logo que se soñaba oriental y que terminó llegando a Oriente. "Tendríamos que hacer lo mismo con aquel monte australiano que inspiró nuestro nombre. Ya vamos a llegar".
¿Alguien podría decirle que no lo logrará?
Fuente:Revista Fortuna