Es un signo que tiene peor fama que lo que de verdad esconde.
Los niños Escorpión, tienen una fuerza considerable para enfrentarse a pruebas
y transformaciones provenientes del medio familiar en que viven.
Éstas, lejos de ser una amenaza para ellos son la base de su equilibrio, no
porque las quieran vivir, sino porque haciéndolo sé refortalecen en gran medida.
Admiten los desafíos como una parte intrínseca de su vida y animan a otros compañeros
a superarlos. No saben vivir con la ilusión de proyectarse en el mañana.
Para ellos la superación del presente, con ardor y bravura, es la "verdadera"
realidad.
Tienen un gran atractivo para "encandilar" a los demás compañeros, sobre todo
a los del sexo contrario al suyo, y conscientes de ello, lo utilizan sin ningún
pudor o restricción. De pequeños, desconocen en parte, que es su fuerza erótica
lo que les hace tan cautivadores para los demás. Su desenfado en el lenguaje
y su "libertad" de trato con todos sus compañeros les dan un puesto determinante
entre ellos.
En la educación funcionan mucho por la fuerza y seguridad que reciban de sus
educadores.
No soportan la blandura y frente a un educador indeciso o dudoso pierden interés
para pasar a un menosprecio que les genera más de un problema de comportamiento.
La fuerza y la contundencia es lo que más admiran y aprecian. Cuando lo desean
saben ser dúctiles, pero no es su manera "corriente" de manifestarse.
Tienen fortaleza con respecto a la salud, pero esa misma condición es su peor
trampa. Se muestran incansables en su derroche de energías y cuando caen enfermos,
no es un por un asunto ligero o sin importancia, es por un asunto serio o de
gravedad, que no se ha manifestado por etapas, sino de golpe, debido a su proclividad
a enfermedades de tipo contagioso. Lo excelente que tienen es que también se
recuperan con gran fuerza.
Con los demás hermanos suele comportarse en posición dominante.
Conoce todos sus secretos, puesto que no hay quien se los oculte, y debido a
ello, ejercen su control, que raramente es tiránico, pero sí, cargado de autoridad.
No le agradan las intromisiones de personas exigentes o que cuestionen su liderazgo,
y cuando esto ocurre, la pelea está asegurada, por más que se intente evitar.
Dejar bien claro, desde el principio, en su círculo social, quién es el que
manda es lo más importante para asegurar su propia autoestima, verdadero caparazón
que recubre su delicada, y poco mostrada, sensibilidad.