Cortos sin filtro
De manera clandestina, el cine X se va desarrollando en Europa y Estados Unidos con diferentes denominaciones. En todos los casos, los consumidores de los cortometrajes licenciosos eran personajes importantes. A veces, muy importantes.
A partir de 1915 y hasta la Segunda Guerra Mundial, la producción de cortometrajes de temática licenciosa se convierte en un próspero negocio clandestino que goza de la permisividad de las autoridades. No en vano, esta producción de stag films (películas para hombres) encuentra un público entusiasta en los burdeles de toda Europa, lugares tolerados por las autoridades que, en muchas ocasiones, eran además ilustres clientes de dichas casas de lenocinio.
Las películas presentan ya un variado muestrario de especialidades eróticas para animar a los potenciales usuarios de los prostíbulos europeos y norteamericanos. Protagonizados por prostitutas y actores que, muchas veces, ocultan su personalidad bajo máscaras, estos filmes presentan unas características muy particulares que poco tienen que ver con el concepto de cine porno que conocemos. Debido a su corta duración, las películas sólo contienen un número erótico que no culmina, a diferencia del porno moderno, con la eyaculación del actor.
En el aspecto estilístico, abundan los planos generales y rara vez incluyen primeros planos o de detalle. Además, el modelo de belleza de la época dista mucho del que impera actualmente: la mayoría de las actrices de los cortos eróticos europeos son orondas señoras y los caballeros presentan un aspecto escuálido, cuando no desnutrido.
Los filmes porno norteamericanos presentan diferencias respecto a los europeos. El primer stag film americano que ha llegado en buenas condiciones a nuestros días es A free ride, un curioso trío sexual que se montan dos jovencitas y un caballero después de detener su automóvil para atender sus necesidades fisiológicas.
La ingente producción norteamericana de estos años explota un buen número de anécdotas
argumentales para la introducción del sexo. Desde la burla a la profesión médica (Slow-fire dentist, Oh Doctor) hasta los mecanismos para acceder a la reputada industria cinematográfica (The casting touch, Strictly union), los stag films recurrían a cualquier situación de la vida cotidiana para llenarla con un número erótico. En otra rama argumental, la consabida presencia de operarios en la casa de una señora (un tema recurrente en la historia del cine X) es la mejor excusa para demostrar que fontaneros, lecheros, electricistas y demás técnicos de mantenimiento o servicios ya formaban parte de la mítica sexual entre los pioneros del género.
Sin embargo, en los años 20, muchas de estas películas utilizan escenarios naturales para ambientar sus encuentros sexuales. Si en A free ride era un frondoso bosque que pasa de utilizarse como urinario público a convertirse en lecho de amor, en A highway romance o A modern hitchhiker es la carretera (y concretamente el automóvil) el tálamo ambulante donde se practica el sexo. La playa también se consolidará como marco incomparable para los escarceos carnales en cortos como On the beach, donde un mirón playero es engañado por tres muchachas juguetonas que suplantan sus sexos por el de una oveja.
No obstante, la obra maestra de estos alocados años es un filme de dibujos animados: Buried treasure. Realizado anónimamente entre 1928 y 1933, la película cuenta la historia de Everyready (Siempre dispuesto), un hombrecillo que vive esclavizado por los impulsos irrefrenables de su casquivano pene. El hecho de que Buried treasure presentara una perfecta animación y un ritmo frenético ha levantado muchas conjeturas sobre su autoría. Algunos historiadores lo han atribuido a Walter Lanz, el creador de El pájaro loco, mientras que otros consideran a Pat Sullivan y Otto Messmer, los padres de El gato Félix, como sus dibujantes. No es descabellado afirmar que dicho stag film es una obra gamberra y provocativa de uno de los grandes estudios de animación hollywoodienses.
Fuente:zetainterviu.com
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