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La invasión de los ultracuerpos

La irrupción de Russ Meyer cambió definitivamente los hábitos del aficionado al cine porno. Sus películas, protagonizadas por mujeres de espectacular anatomía, abrieron una brecha importante en la censura americana.

En 1959, un fotógrafo de la revista Playboy llamado Russ Meyer hizo su debut en el cine con la historia de un tipo obsesionado por los esculturales cuerpos de las mujeres que encuentra a su paso. La película se llamó The immoral Mr.Teas y supuso el salto definitivo hacia la producción de filmes comerciales con desnudos. Hasta entonces, la única vía para mostrar carne en la pantalla era la de los nudist movies, rodados en colonias naturistas y con personajes de escaso atractivo físico.

Pero las mujeres de Meyer eran auténticas bombas, dotadas de turgentes bustos y exuberantes curvas. Pese a los problemas judiciales que acarreó la continua exhibición de cuerpos femeninos en actitud erótica, The immoral Mr.Teas inauguró el género que iba a actuar como embrión para la futura legalización del cine X: el nudie o sexplotaiton.

El éxito comercial del primer filme de Meyer animó a otros directores de cine independiente a emprender la aventura de rodar películas nudies para ser exhibidas en cines especializados en serie B. Jack Harris, Tom Noonan y Barry Mahon fueron los más prolíficos.

En sus películas aparecieron los primeros mitos eróticos del subgénero, mujeres con anatomías desbordantes capaces de arrastrar al público más reacio a los circuitos de sexplotaiton, como Jayne Mansfield, Ann Peters y Mamie Van Doren.

La invasión de los ultracuerpos nudies produjo un efecto boomerang en el asentado mercado de los stag films. El público comenzó a abandonar la adicción clandestina a los cortometrajes pornográficos, protagonizados por chicas menos atractivas, para frecuentar las salas donde se proyectaban las películas de sexplotaiton, que además contaban con argumentos mucho más interesantes y con diseños de producción más cuidados.

Pero, por otra parte, los nudies también despertaron los instintos eróticos de miles de americanos que comenzaron a aproximarse al cine licencioso con menos prejuicios. La consecuencia inmediata de todo ello fue el resquebrajamiento de la censura. La inesperada acogida de este nuevo cine erótico propició un clima de cierta tolerancia que se tradujo, en 1965, en la abolición del Código Hayes en los Estados Unidos. Un año después, una película naturista, The Raw Ones, de John Lamb, introdujo por primera vez primeros planos de vello púbico femenino. Esta novedad dio origen al subgénero denominado beaver, en el que, junto a los enormes pechos que se podían contemplar en los nudies, se mostraban abiertamente los órganos sexuales de las protagonistas.

 

 

Fuente:zetainterviu.com