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Año de bienes
En 1978 el cine X es una de las industrias más prósperas de Estados Unidos. Las películas tienen grandes presupuestos, los directores exprimen su imaginación para ofrecer calidad y el público consume cada vez más porno.
El año 1978 dio al cine X muchas más grandes películas que cualquier otro. Anna Obsessed, de Martin & Martin; Candy Stripers y China Cat, ambas de Bob Chinn; , de Jim Clark; The Health Spa, de Clair Dia; Skin Flicks, de Gerard Damiano; Slave of Pleasure, de Russ Carlson; Maraschino Cherry, de Henry Paris, y Pretty Peaches, de Alex de Renzy, constituyen una pequeña muestra de la excelente cosecha de aquel ejercicio. Consolidado como un género de gran volumen económico, el porno recaudó el 17 por ciento de los 365 millones de dólares que dejaron los espectadores en taquilla.
Esta bonanza económica trajo consigo un notable aumento de los presupuestos para la realización de películas: los 250.000 dólares de media que costaba hacer un porno en 1978 transformados al actual valor monetario supondrían más de 1.250.000 dólares por filme, una cantidad nada despreciable para el género.
A pesar de manejar estas cifras, las películas proporcionaban sustanciosos beneficios a las productoras. Debbie Does Dallas, de Jim Clark, una divertida cinta que el tiempo ha convertido en un clásico de las comedias adolescentes en el cine X, es todavía una de las cinco películas porno más compradas en Estados Unidos.
La recreación de la fantasía masculina de entrar en un colegio de jovencitas caló en el público norteamericano en una época en la que películas como Pretty Peaches, de Alex de Renzy, reafirmaron la tendencia de que los filmes teenagers empezaban a constituir casi un subgénero dentro de las producciones X.
La comedia en aquel año también consiguió el favor del público con filmes no protagonizados por adolescentes.
Bien retomando las viejas situaciones de las consultas médicas (Candy Stripers, de Bob Chinn), bien a través de la parodia televisiva (China Cat reúne en un porno al legendario Johnny Wadd y a tres sosias de Los ángeles de Charlie, aquí trocadas en Los diablos de Charlie).
Por otro camino muy distinto transitaban aquellos filmes en los que las relaciones sadomasoquistas se presentaban sin rubor. Por ejemplo, Slave to Pleasure, de Russ Carlson, un porno poco convencional en el que, además de los inevitables ritos del bondage, se mostraban abiertamente relaciones interraciales.
O Maraschino Cherry, la perversión anual de Henry Paris, que entra de lleno en un sofisticado burdel para enseñarnos la cara más sórdida de las relaciones sexuales.
La dos aportaciones más originales a este año de bienes vendrían de la mano del incombustible Gerard Damiano y la saludable Clair Dia. Damiano realizó su aguda disección de los entresijos del porno en Skin Flicks, una ácida comedia en la que participaba Jill Monro, una actriz que se había convertido en mujer unos años atrás merced a un cambio de sexo.
Por su parte, la propuesta de Dia era mucho más vital: en Health Spa nos desvela la utilidad de los gimnasios para realizar toda clase de ejercicios eróticos y llega a una sorprendente conclusión: el ejercicio sexual beneficia a la salud. Lo contrario que el tabaco.
Fuente:zetainterviu.com