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Historias de mujeres

 

Un año después de los primeros intentos de crear un género con ambiciones artísticas, el cine X se consolida con un lenguaje cinematográfico específico. La edad de oro del porno americano ha comenzado y se prolongará durante más de diez años.

Abierto el camino de dignificar el porno, aquellos realizadores que procedían del cine erótico de finales de los 60 se lanzaron de cabeza al emergente cine X. Radley Metzger, uno de los más prolíficos directores de softcore, dio el salto al porno con Sensuales tardes con Pamela. Durante los primeros años 70, Metzger había adquirido cierto prestigio como realizador de películas con sexo simulado, como Camille 2000, Lickerish Quartet y Little Mother, esta última centrada en la figura de Eva Perón.

Firmada bajo el seudónimo de Henry Paris, Sensuales tardes con Pamela introducía elementos del thriller para narrar la historia de una mujer vigilada por un detective contratado por su celoso marido.

Además de su original concepción del sexo, la película contó en su reparto con la sensual Barbara Bourbon, una joven actriz de cine convencional que aceptó trabajar a las órdenes de Damiano debido a la fascinación que le produjo la actuación de su amiga Georgina Spelvin en El diablo en la señorita Jones.

Este filme incidía en un tema que se iba a convertir en recurrente desde El diablo en la señorita Jones, de Gerard Damiano: las historias de mujeres.

El mismo Damiano filmaría en 1974 Portrait, una recreación de las fantasías de una mujer esquizofrénica, y su obra más compleja, Memories within Miss Aggie. Este devastador retrato de la soledad a través del relato que una mujer hace a su amante supondría para su realizador su confirmación como pionero del porno de autor.

En ella aparecía un joven rubio que se convertiría, años después, en el único actor que sobrevivió al paso del tiempo hasta la década de los 90. Eric Edwards comenzó a hacer cine de temática sexual en los 60, vivió la eclosión del cine X en los 70 y permaneció en activo hasta mediados de los años 90. Pero, aparte de los intentos de Damiano para hacerse un lugar en la historia del cine, el porno continuaba recurriendo a los viejos argumentos que tanto éxito habían dado a los stags films medio siglo antes.

Las películas de temática médica eran, probablemente, las favoritas de productores y público. Slip Up, de Roger Waters, o Meat ball, de Gerard Damiano, fueron obras menores pero que por sus enredos de cariz ginecológico gozaron del favor del público.

Debido a su papel de psiquiatra loco en Garganta profunda, Harry Reems fue el actor más solicitado para interpretar el papel de médico seductor de pacientes.

La comedia recuperó el tono desenfadado que había acompañado al cine porno desde los tiempos primitivos. Honeypie, un filme sin director acreditado, es un buen ejemplo de comedia desmadrada. Ambientada en la redacción de una revista, la película es un compendio de disparates que alcanzan incluso a los números sexuales. Al Goldstein, director de la revista erótica Screw, es uno de los actores principales del filme, en un papel en el que se interpreta a sí mismo.

 

 

 

 

Fuente:zetainterviu.com