El discreto encanto francés
En 1975, el cine porno se legalizó en Francia. El país que había actuado como motor de las producciones clandestinas durante la primera mitad del siglo acogió con entusiasmo el cine X y surgieron los primeros realizadores.
El 23 de abril de 1975 se estrenó en París A history of the blue movie, la recopilación de stag films que había realizado Alex de Renzy cuatro años antes. Entrenado por el irresistible avance del cine sexy de los años anteriores, el público galo acudió en tropel a las salas de exhibición para poder gozar, por primera vez, de una película X.
La Administración francesa había autorizado la exhibición de películas pornográficas como paso previo al desarrollo de una legislación que la regulara. Los propietarios de los cines comenzaron a programar los filmes que habían causado furor en Estados Unidos unos años antes y la respuesta de los espectadores fue devastadora. En los diez meses en que el cine X pudo aprovecharse de ese vacío legal (en febrero de 1976 entró en vigor el decreto que creó las salas X), más de 30 películas superaron los 100.000 espectadores.
Animados por la fiebre consumidora de sus compatriotas, los directores que procedían del cine sexy se lanzaron de cabeza a la realización de pornos. Exhibition, de Jean-François Davy, tuvo el honor de ser el primer porno francés estrenado en las salas comerciales.
Era un falso documental sobre la vida de Claudine Beccarie, actriz especializada en películas soft. El retrato interior de uno de los mitos eróticos galos de la época cautivó a los aficionados hasta el punto de que se calcula que un millón de espectadores pasaron por taquilla para ver la película.
La producción en aquel año de gloria fue ingente. Davy rodó Les pornocrates, una aproximación al mundo de los actores porno, y Prostitution, un filme de corte documental sobre el fenómeno de la prostitución en Francia. Claude Mulot, un joven de 30 años que había hecho sus pinitos en producciones soft, debutó en el porno con El sexo que habla, el estrafalario retrato de una mujer con una vagina parlante, y escribió el guión de Mes nuits avec Alice, Pénélope, Arnold, Maude et Richard, dirigida por Michel Barny.
La explosión del cine porno en Francia tuvo como consecuencia inmediata la celebración, en agosto de ese año, del Primer Festival Internacional de Cine Porno de París. El certamen otorgó el título de mejor película del año a El sexo que habla, por delante de filmes como Sensations, de Alberto Ferro, y Screw on screen, de Jim Buckley. Desgraciadamente, la iniciativa de crear un festival erótico en la ciudad de la luz no tuvo continuidad.
Por su parte, algunos directores veteranos del sexy de los 60 aprovecharon también la coyuntura para introducirse en el emergente hard francés. El más destacado fue José Bénazéraf, excéntrico realizador de la década anterior que había conjuntado erotismo con thriller en algunas películas de éxito.
Las secuencias de sexo real que, por imperativos legales, no pudo incluir en esas películas las reunió en Anthologies José Bénazéraf, una recopilación que se convertiría en uno de los mayores bombazos de taquilla del año. El mismo camino anduvieron otros ilustres veteranos del sexo, como Max Pécas (Las mil y una perversiones de Felicia) y Patrick Aubin.
Fuente:zetainterviu.com
![]()