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Todo es posible en América

Cine X, tras el obligado parón de la Segunda Guerra Mundial, resurgió con fuerza en la década de los 50. La producción se destinó al consumo doméstico y comenzaron a emerger las primeras figuras del género.

Además de acabar con las ilusiones de toda una generación, la Segunda Guerra Mundial también paralizó la producción de cortometrajes porno durante un decenio. Hasta la década de los 50 no hay constancia de que se realizaran este tipo de películas en Europa y los Estados Unidos. Pero, una vez recuperado el mundo del impacto de la contienda, el panorama cambió notablemente.

En Estados Unidos, con la pérdida de influencia de la mafia, el negocio se trasladó desde Chicago, verdadera meca del cine X hasta entonces, a ciudades como Nueva York, Dallas y Nashville. En Francia, una ley que ordenó el cierre de burdeles acabó con la próspera industria creada en torno al cinema polisson.

El consumidor dejó de frecuentar burdeles, trastiendas de cafés o fiestas gremiales, como dos décadas antes, a causa del endurecimiento de la censura y se dispuso a disfrutar de la recuperación del cine X en el confort del salón de su casa

A este cambio de hábitos contribuyó en gran medida el abaratamiento de los equipos caseros de proyección en 16 mm., que harían accesible el porno a cualquier bolsillo. Este boom del consumo privado propiciaría una curiosa contradicción: la recuperación del cine clandestino no sería progresiva, como todo parecía indicar, sino en forma de avalancha. Ante la creciente demanda de producciones, la industria comenzó a realizar cortos a destajo, filmados en algún oscuro sótano o en yermos paisajes, y a prescindir de los argumentos en los cortos para centrarse únicamente en las escenas sexuales, lo que abarataba notablemente los filmes al suprimir la figura del guionista.

La ingente cantidad de películas que consumía la clase media norteamericana durante los años 50 (Estados Unidos capitalizó el negocio mundial durante estos años) no tiene ningún valor cinematográfico reseñable. A pesar de esta tendencia a la simplificación de los stag films, hay algunas películas que conservan el humor de décadas anteriores. Las series Merry go round y Emergency clinic, compuestas por más de 30 títulos, o los cortos The dentist, Night school o The Nun’s story recurren a temas ya explotados años antes como los médicos, las residencias universitarias o el clero.

En Francia, Petit conte de Nöel incluye a Santa Claus como actor porno en uno de los más irreverentes cortometrajes de la época. Sin embargo, la película de más éxito en la década de los 50 fue Smart Aleck. A pesar de no atesorar ninguna virtud cinematográfica destacable, dada su pobre calidad técnica, los compradores de stag films la convirtieron en un clásico por la presencia en ella de la joven Candy Barr. Barr, cuyo verdadero nombre era Juanita Slusher, es la primera actriz del género de la que se conocen detalles biográficos.



Participó en Smart Aleck con 16 años, más tarde fue una famosa bailarina de striptease, tuvo graves problemas con la ley por tenencia de drogas y llegó a ser investigada por el FBI a raíz de la muerte de Lee Harvey Oswald, el presunto asesino de John Fitzgerald Kennedy. En Smart Aleck, Candy Barr interpreta a una joven que es seducida por un viajante y, a la hora del sexo, se niega a practicar una felación a su eventual amante. 25 años después de aquella breve incursión en el cine para adultos, la señorita Barr explicaría en una entrevista para la revista Oui que aquella especialidad erótica no figuraba en sus planes como actriz
: "En aquel tiempo ni siquiera sabía que la gente practicaba el sexo oral; era algo que no había previsto hacer en mi vida".

 

Fuente:zetainterviu.com