Babilonia:
La Gran Ramera
Es probable
que ninguno de los soldados
norteamericanos
y británicos que invadieron Irak, destruyeron Bagdad
y observaron pasivamente el saqueo de Babilonia, tenga la más
mínima idea de lo que representó la civilización
árabe para el ´mundo occidental´. Con certeza,
los nombres de Al-Razi, Ibn-Sina, Ibn Rusd, Al Manzur y Al Raschid
no les dice absolutamente nada, afirman Giselle Dexter y Roberto
Bardini en un especial para Argenpress.info. ´Como todos
los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos,
esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio,
las cárceles. (...) Porque Babilonia no es otra cosa
que un infinito juego de azares´, escribe Jorge Luis Borges
en ´La lotería de Babilonia´, relato que
forma parte de Ficciones, publicado en 1944.
Es casi
seguro que ninguno de los soldados que invadieron Irak, destruyeron
Bagdad y observaron pasivamente el saqueo de Babilonia sepa
quién es Borges. También es posible que ignoren
que en tiempos de Mahoma los médicos árabes usaban
una pasta de moho -que se formaba en los arneses de los burros
de carga- para curar con éxito heridas infectadas. Ese
hongo fue redescubierto en 1928 por el médico escocés
Alexander Fleming, quien lo utilizó como antibiótico.
Rhases, Avicena
y Averroes
200 años
después de la muerte de Mahoma, los árabes ya
son dueños de toda la sabiduría médica
del mundo. Está concentrada en Bagdad, recolectada en
China, Persia, la India. Muchos de los especialistas son judíos
y cristianos. La Iglesia Ortodoxa bizantina considera ´herejes´
y persigue a quienes se dedican a la ciencia de curar. El médico
de cabecera del califa Al Mansur, es un cristiano que arabizó
su nombre: Ibn Bajtischu.
El historiador
Rolf Palm escribe en Los Árabes - La Epopeya del Islam:
´Las familias nestorianas de eruditos, expulsadas de la
ortodoxia constantinopolitana del imperio bizantino, en su equipaje
de fugitivos llevaron a su nueva patria mucha literatura científica
que se convirtió en indeseable en su país. Y así
como también en nuestro siglo los Einstein, obligados
a la emigración por ideologías totalitarias, enriquecen
la escena científica de sus países de asilo, así
en la Bagdad tolerante y progresista, la medicina de Hipócrates
y Galeno se abre como una nueva flor´.
Dos médicos
se destacan en Bagdad. Abu-Bakr Mohammed Ibn-Zakaria ar-Rasi,
será conocido en Europa muchos años después
como Rhases. El otro se llama Ibn-Sina y es hijo de un astrónomo;
será venerado más tarde en Occidente como Avicena
por su avanzado Canon de la Medicina. También filósofo,
Avicena es autor de unos clarificadores Comentarios acerca de
la obra de Aristóteles.
Al-Rasi logra
destilar en su laboratorio algo que aún lleva el nombre
que él le dio: alcohol (del árabe, ´al-kuahl´).
También fabrica jarabe (´jarob´), para hacer
más tolerables sus preparados a los pacientes, logra
azucarear -o candear- frutas (´kand´: caña
de azúcar) y crea las grageas dulces que se chupan hasta
hoy.
Posteriormente,
hay que mencionar a Abu Al-Walid Muhammad ibn Rusd (1126-1198),
conocido como Averroes, que se destaca en todas las ciencias
que estudia: medicina, filosofía, derecho, matemáticas
y astronomía. Sus doctrinas filosóficas, inclinadas
hacia el materialismo y el panteísmo, fueron condenadas
por la Universidad de París y el Vaticano.
El Islam lleva sus conocimientos a los confines. La primera
escuela de Medicina establecida en Europa es obra de los árabes
en Salerno (Italia). Lo mismo sucede con el primer observatorio
astronómico, erigido en Sevilla (España).
Ciencia árabe
y exorcismo católico
Durante la
Edad Media, en Occidente el catolicismo opone el exorcismo a
cualquier competencia médica que opere científicamente.
En lugar de ocuparse de la higiene del pueblo, los monarcas
católicos intentan seguir el ejemplo bíblico de
Cristo... y curan con la mano. En el siglo XI, Eduardo, confesor
de Inglaterra, pasa su mano a más de mil enfermos por
día y afirma: ´Yo te toco, Dios te cura´.
Pasa mucho
tiempo -y 25 millones de muertos en tres años- antes
de que se sepa que no es el pecado el origen de las pestes,
sino la prohibición de bañarse. A eso se suma
la contaminación ambiental: carencia de desagües,
basura en todas partes y cadáveres putrefactos de animales
en las calles. En el siglo XIV Europa contrasta con las ciudades
árabes, donde hay limpieza en las calles, hábito
del baño y control sanitario de alimentos.
Avicena descubre que la meningitis y la tuberculosis son infecciosas
y que el cáncer no aparece localmente delimitado, sino
que indica una afección del sistema.
Occidente
´descubre´ a posteriori cuestiones que ya se conocían
en Oriente. El ginecólogo Ali Ibn-Abbas, inventor del
espéculo vaginal, escribió un tratado -mil años
antes que Charles Darwin- acerca de las adaptaciones de los
órganos a sus funciones. Ibn an-Nafis, jefe médico
de un hospital de El Cairo, describe la circulación sanguínea
en el siglo XIII, 400 años antes que el inglés
William Harvey, a quien se atribuye el descubrimiento.
Sabiduría
al revés
Antes de cumplirse
cien años de la muerte de Mahoma, los árabes tradujeron
a los principales filosóficos griegos y poemas épicos
como La Ilíada y La Odisea, que en Occidente se consideraban
no religiosos por sus alusiones mitológicas.
Bajo el reinado
de Al Manzur (753-775), la residencia del gobierno se trasladó
a Bagdad, donde se fundaron escuelas de medicina, jurisprudencia
y astronomía.
Durante el
califato de los Abásidas, que comenzó en 762 y
se extendió hasta la invasión de los mongoles
en 1258, Bagdad era llamada ´la Ciudad de Paz´.
Fue capital cultural del Islam y cabecera de uno de los imperios
más grandes de la historia, que se extendía desde
España hasta la India.
Poder pagano
Para la Iglesia
católica, en cambio, la ´Gran Babilonia´,
simboliza el poder pagano. Es ´la madre de las rameras
y de las abominaciones de la tierra´. En el Apocalipsis
(18:2-5) se lee: ´Caída es la grande Babilonia,
habitación de demonios y guarida de todo espíritu
inmundo, y albergue de todas aves sucias y aborrecibles. Porque
todas las gentes han bebido del vino del furor de su fornicación;
y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes
de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites´.
El califa
Muawia, fundador de la dinastía umaida en el siglo VII,
convirtió a Damasco en la capital del imperio, construyó
los primeros hospitales, orfanatos y manicomios de la historia
e inició la época gloriosa del Islam. Muawia acostumbraba
a decir: ´No utilizo mi espada donde alcanza el látigo,
ni uso el látigo donde es suficiente con mi palabra´.