David Delfín
La estética de la muerte


A David Delfín lo crucificaron. Quizá la prensa y la política de este país le deban una disculpa al más conocido de los diseñadores españoles que van más allá de...



A David Delfín le crucificaron. Quizá la prensa y la política de este país le deban una disculpa al más conocido de los diseñadores españoles que van más allá de la moda y rozan la estética de las artes plásticas, aunque quizá esa disculpa se hiciera efectiva en la popularidad que, gracias a las críticas sin fundamento recibidas, alcanzó.

En aquellos momentos muy pocos se habían percatado de las intenciones artísticas de la moda de David Delfín. Tan sólo algunos pocos dieron cuenta mucho antes de aquel “escándalo” de la estrecha relación moda-arte de este peculiar diseñador. Entonces él apuntaba a una conexión con Magritte. Esa inspiración le costó una lluvia de alusiones negativas.

 

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Ahora, en la cresta de la ola, David Delfín ha retornado al arte que le inspiró entonces y siempre. El accionismo vienés, Joseph Beuys y el aura de muerte, mutilación y dolor que rodea esa estética vuelve a ser la fuente de la que beba.

En su retorno al arte (si es que alguna vez se marchó), la galería madrileña Soledad Lorenzo acogió los primeros días del año la restrospectiva “Extimidad” en la que se recogía lo mejor de sus modelos.

Bimba Bosé y la omnipresencia de la muerte, lo surreal y lo fantástico, centraron la atención de un público muy atento a lo que de ahí podía surgir.
Y por supuesto, surgió. Desfile inevitable, y la polémica de años atrás, se convierte en admiración.
La provocación ya no es la misma. Se ve como arte.


 

Un arte en una plataforma o soporte distinto. Amparadas por una banda sonora tenebrosa, de entre las tinieblas y tan sólo con la iluminación de varios focos lejanos, las modelos ambiguas, casi andróginas que forman parte de David Delfín comienzan a vagar por la pasarela.

Son trajes casi imposibles. Mutilaciones tanto de torso como de cabezas traducidas a prendas misteriosas, diseños para centauros se mezclan con la estética de lo oscuro, de lo oculto.

Una niña que pierde demasiado pronto su inocencia, gemelas enfundadas en un pantalón de tres piernas o la languidez de una figura ya mayor.

Elementos imposibles, de otro mundo, que tienen como colofón la aparición de Bimba Bosé, la musa eterna de David Delfín, y que no es otra que la viva estampa de aquello que Delfín siempre ha tenido en mente. Bienvenido el retorno de David Delfín al arte, aunque para retornar hay que marcharse alguna vez.


Fuente de texto:neomoda

 

 

 

 

 

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