Reality bytes (el porno electrónico)

Recientemente, Yahoo! dio a conocer la palabra más buscada en su sitio. La ganadora fue sex, seguida de lejos por chat. El resultado no es ni sorprendente ni trivial.

El prehistórico origen de lo que hoy conocemos como Internet fue un proyecto militar norteamericano que, luego de incorporar varias universidades de prestigio, alcanzó difusión mundial. En 1995, de la mano de la WWW, el fenómeno comenzó a tomar la apariencia que le conocemos hoy. En estos últimos cinco años, el cambio fundamental se dio en el perfil del "internauta" medio: los académicos y los techies cedieron en importancia ante el incontenible avance del mítico "ciudadano común". Con él, llegaron los millones de dólares del e-commerce y la Internet empresarial, paraíso del marketing. En este proceso de masificación, las industrias del erotismo y de la pornografía jugaron un papel fundamental. De un modo oscuro y subterráneo, los sitios porno estaban allí antes que los sitios para comprar libros, buscar pareja o chatear con miles de desconocidos. Junto con los sitios de piratería de software y de audio, constituyen el "underground" de la Web y generan más "clicks" que cualquier otro rubro.

Por otra parte, la llegada de Internet supuso para la pornografía un cambio tan significativo como el advenimiento de los reproductores hogareños de VHS. Con la Red, la privacidad y el anonimato llegaron a un extremo antes desconocido. Si bien todavía está muy por detrás en calidad y volumen de material, los "ganchos" de esta nueva forma de pornografía son varios. Uno, la impresionante variedad: desde fotos softcore hasta películas de mujeres teniendo relaciones con cuadrúpedos de los más extraños pelajes. Otro, la interactividad: no sólo se puede ver un espectáculo en vivo, también se puede interactuar con la/las/el/los artista/s en cuestión. La posibilidad de darle anónimas órdenes a la persona en la pantalla ofrece al espectador la incomparable sensación de poseer el oscuro objeto de su deseo.

Un nuevo aspecto de la pornografía nacido con Internet es la moda del amateurismo. Miles de fotos, publicadas en Usenet o en sitios especiales, surgieron desde los hogares estadounidenses, con fines exclusivamente exhibicionistas. Las mujeres que se atrevían a esto estaban claramente fuera de los estándares impuestos de la rubia tetona o la morena caliente. La industria no desoyó esta tendencia, que puede ser considerada una reacción contra la artificialidad que la pornografía cinematográfica desarrolló en los ´90. Hoy, ningún site porno que se precie deja de tener su sección de fotos amateur, algunas de ellas sospechosamente poco espontáneas. La interactividad y el amateurismo coincidieron en el invento más significativo que la Internet dio al porno, y uno de los símbolos de esta década que comienza: las spy-cams. Con variantes, la historia es más o menos así: en un dorm habitado por jóvenes y audaces universitarias, se instalan cámaras en cada una de las habitaciones (incluido, por supuesto, el baño). Por un módico precio, el usuario registrado puede acceder a estas cámaras en vivo 24 horas al día, 7 días a la semana. Ningún aspecto de la vida de las muchachas queda fuera de la voraz mirada del espectador. Este estilo también generó varios programas televisivos, como la discutible Real Life de MTv, pero sólo Internet puede ofrecer el control de las cámaras (que no necesariamente son porno o relacionadas con el sexo). Es una curiosa inversión del panóptico de Bentham. Cualquiera puede ponerse del otro lado del panóptico, del lado del poder: el que mira y no puede ser mirado. No es extraño, entonces, el boom del e-sex. En una época en la que la única experiencia a la que puede aspirar el individuo es una experiencia mediática, la pornografía en Internet tiene la marca del futuro