Analogías del sexo
Explorar los deseos, apetencias y necesidades del sexo equivaldría a sentarse en la mesa de un restaurante y luego de mirar el menú, escoger lo que se desea comer.
Tal vez una de las convicciones más arraigadas en el ser humano sea la creencia de que el sexo es inherentemente malo. Esta concepción negativa de la sexualidad, dificulta mucho la aproximación al tema, y aún más, dificulta los intentos por pretender cambiarla. Una de las formas más sutiles en que las personas se ven afectadas se refleja en el discurso que tienen acerca del sexo, en las palabras que escogen o evitan, en los eufemismos, e incluso en los silencios. Comencemos por una buena analogía: el sexo y la comida.
Sexo y comida. (La analogía por excelencia)
A veces las analogías funcionan bien. Veamos si suena convincente equiparar sexo y comida a la hora de imaginar una cosmovisión diferente sobre el sexo. La gran mayoría de la gente no tendría dificultades en aceptar que el mundo está repleto de personas que son respetadas en cuanto a sus preferencias alimenticias. Cualquiera puede decidir qué desea comer, si está de humor para pizza o prefiere un sushi en la barra de un bar, si comería siempre con la misma persona o le divierte más la idea de compartir su cena en grupo, y cualquiera aceptaría que hablar sobre sus apetencias culinarias en una comida de a dos, es un dato ni más ni menos importante que su color de pelo o su historia familiar. Existen mucho ejemplos que hablan de una cosmovisión amplia respecto a la comida. ¿Pero qué ocurre si reemplazamos la palabra "comida" por la palabra "sexo", y qué ocurre cuando pasamos del "hagamos la comida" al "hagamos el amor"?.Quizá la primer cuestión que debería revisarse sea la noción de "normalidad" que se maneja. Que alguien prefiera el chocolate blanco al chocolate negro no lo hace más normal que al resto. Significa que el chocolate blanco es lo normal para esa persona y que su elección no justifica comparaciones. Llevado esto al terreno de la sexualidad, podría decirse que la preferencia de una persona por el sexo oral en lugar de una relación sexual, o de masajes eróticos en lugar de besos, implicaría una sola cosa: que nadie "debería" ser de tal o cual manera, y que lo normal, siempre, sería lo normal "para uno" y sólo para uno. Explorar los deseos, apetencias y necesidades del sexo equivaldría a sentarse en la mesa de un restaurante y luego de mirar el menú, escoger lo que se desea comer. ¿Alguien podría afirmar que ha comido lo mismo, sin variación alguna, durante 40 años?. ¿Porqué no podrían operarse las mismas variantes en la sexualidad?.
La dificultad para lograr una mirada positiva respecto a la sexualidad se evidencia en el uso de las palabras, en particular en ciertas situaciones. ¿Qué tipo de expresiones se utilizan en un momento de enojo contra otra persona?. Supongamos que alguien encierra con su auto a un motociclista. Jamás escucharíamos que el motociclista le grite "rodilla!!!" al responsable del encierro. La razón es simple. No hay nada de malo con esa parte del cuerpo. Si no se tuviera la convicción de que existe algo malo en el sexo, no se utilizarían palabras con connotaciones sexuales como insultos.
Quitando el velo.
Pensemos en las ambigüedades. Es otro bonito ejemplo. ¿Quién no escuchó decir "mi pareja y yo dormimos juntos los fines de semana"?, asumiendo que sabemos lo que eso significa. Una concepción positiva de la sexualidad alienta la utilización exacta del término, sin eufemismos ni ambigüedades.
Remueve el velo que opaca no sólo la sexualidad sino la comunicación en general. ¿Cómo sería salir a la calle y pretender pedir lo que se necesita cuando el lenguaje escasea o es confuso?. Sería como ir a un restaurante y decirle al camarero "elija usted por mí", o "cualquier cosa estaría bien", o aún más: "me gustaría cualquier cosa".
Suena disparatado, sin embargo ¿cuántas veces escuchamos frases equivalentes en contextos sexuales?. ¿Significaría lo mismo invitarla a un restaurante italiano a comer penne a la putanesca, que decirle que su lengua jugueteando alrededor del pene es lo que se desea esa noche?.
Algunas personas se sienten sorprendidas cuando descubren que finalmente pueden hablar de ciertos temas con absoluta comodidad, cuando hasta ese momento se trataba de tópicos que no podían manejar. Si existe una función corporal que provoca desagrado, difícilmente pueda hablarse de ello.
Un ejemplo bastante común es el tema de la menstruación. Sin embargo sentirse cómodo con la menstruación no significa que siempre sea un tópico aceptable de conversación. Del mismo modo que con la comida, sentirse cómodo hablando del tema no significa que no existan momentos en los que sentarse a comer o hablar sobre comida no sea lo apropiado. Sea como fuere, hablar de sexo sin metáforas o eufemismos implicará siempre un aprendizaje, y como en todo aprendizaje habrá que empezar por reconocer, lo que aún, nos resta por saber....
Fuente consultada: Charlie Glickman, "The Language of Sex Positivity"; Electronic Journal of Human Sexuality, Volume 3, July 6, 2000
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