
La Pareja
Parte I
(
LA SEXUALIDAD)
Parte II
SHIATSU
Parte III
Mas Temas
Historia de las Orgias
Masturbación
El
Orgullo
de ser Virgen
Fobia
al sexo
Cuando el miedo impide disfrutar
del placer
Los
efectos de las caricias no sólo se limitan al cuerpo. Tienen consecuencia
en las emociones y la mente. Facilitan un clima de espontaneidad y un acercamiento
que ayuda a crear una conexión real con la pareja. Al igual que cuando
miras, escuchas o saboreas, cuando tocas a tu pareja, alimentas la confianza
y es una de las experiencias más placenteras que pueden compartir y
combatir así el cansancio de todos los días.
El sexo, aunque parezca increíble, suscita dudas e interrogantes al
presentarse como una de las facetas humanas más ricas y atrayentes,
pero llena de misterios.
Es, precisamente, lo desconocido y lo misterioso lo que despierta las preguntas
y las dudas. Cuando esta curiosidad se agudiza puede llegar a producir una
sensación de miedo e inseguridad. Esto es el famoso miedo al sexo.
Según el sexólogo Jacques Waynberg,
sólo una minoría de hombres y mujeres tienen las aptitudes necesarias
para acceder a las maravillas del erotismo.
De acuerdo a Waynberg hace falta tener imaginación y ser capaz de sacar
partido del cuerpo propio y del de la otra persona a través de todos
los poros de la piel.
Dudas que se multiplican
El solo hecho de pensar en la unión de los cuerpos genera inquietudes
y dudas, que se van multiplicando cuando se enfrentan a la relación
íntima, ya sea con un compañero(a) habitual u ocasional.
Según l sexólogo Ignacio Arias Polanco, las dudas más
comunes se refieren a ¿cómo se comportará
en el lecho?, ¿demostrará ternura al hacer el amor?, ¿qué
le agradará que haga?, ¿cómo seducirá?, ¿cómo
le gustará ser seducido(a) ?, ¿será apasionado (a)?,
etcétera.
Pero no sólo la personalidad de la pareja despiertan las inquietudes,
también preocupa descubrir cómo es su físico. ¿Será
atractivo su cuerpo?, ¿le gustará el mío?
Durante el acto sexual también pueden surgir otras preguntas que podrían
obtener respuesta con el correr de los días o, mantenerse como incógnitas
si la relación no permanece. Hay interrogantes tales como
¿le gustará el sexo oral?, ¿preferirá cierto tipo
de caricias?, dice Arias.
Después del acto sexual también aparecen dudas tales como: ¿lo
habrá pasado bien?, ¿habrá
sentido un gran placer?, y si hay respuestas positivas, quedará
pavimentado el camino para otro encuentro que se realizará con un mayor
cúmulo de informaciones y conocimiento.
Sin embargo, por más preparación que se tenga, siempre surgirán
interrogantes distintas e inesperadas que estarán fuera del libreto.
Y es precisamente esa posibilidad la que suele causar temor a muchas personas.
Según algunos sexólogos, el miedo más frecuente en las
mujeres, es el miedo a la penetración. Por lo general, en estos casos
la mujer siente que es objeto de una agresión cuando ve el pene erecto
entrar en la vagina.
Los varones también suelen sentir miedo en el momento de introducir
su pene en la vulva, y esta sensación muchas veces redunda en una forma
de impotencia, eyaculación precoz o cualquiera otra disfunción.
Sentimientode castración
El doctor Bernard Kirby, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Ohio,
en un reciente estudio sobre esta materia ,explica que las reacciones de temor
del varón cuando hace el amor, se producen porque tiene presente la
idea de la castración. Es un sentimiento inconsciente que muchos hombres
sienten al hundir el pene en una vagina, porque piensan que en ese momento
pueden perder sus genitales. Es como si la vagina tuviera alguna similitud
con una trituradora.
En otros casos surge la idea de la muerte, tanto en él como en ella.
En los hombres, esta idea podría referirse a que el pene entra vivo
(erecto) y sale, después de la eyaculación, muerto (flácido).
Algunos sexólogos sostienen que el temor a la castración es
un atavismo que supuestamente proviene de la época de los romanos.
Castrati, en latín, significa sin genitales. En aquella época
muchos jóvenes eran castrados para que integraran los coros y reproducir
las voces femeninas.
En el caso de la relación sexual, la vagina puede representar para
el varón algo desconocido que produce temor por una creencia que el
órgano femenino podría devorarle el falo.
Es posible que la forma de la vagina contribuya un poco a eso, porque se asemeja
a una boca vertical que incluso, tiene labios.
Muchos varones, en forma inconsciente sufren con ello y hasta pueden frustrar
una relación sexual.
Otros temores
Hay muchos otros miedos que pueden adueñarse de las personas, cuando
se trata de comportamientos sexuales. En el último tiempo ha surgido
el miedo al sida, pero mucho más antiguos son el miedo al embarazo
no deseado, el miedo al dolor, el miedo a perder la virginidad o el miedo
a que existan indicios que delaten la relación.
El miedo al dolor están muy relacionado con el miedo a la penetración
y es muy frecuente que las mujeres piensen que el coito resulta doloroso y
molesto. El miedo a la pérdida de la virginidad es cada vez menor,
sin embargo aún persisten en cierta medida la costumbre machista de
valorar la virginidad por sobre las cualidades personales de una mujer.
El miedo al embarazo es el que se presenta con mayor frecuencia, especialmente
en jovencitas que sienten el despertar al sexo y buscan la forma de eludir
posibles embarazos, incluso pasando por encima de creencias o mandatos religiosos.
Muchas jóvenes buscan consejo acerca de la seguridad que ofrecen determinados
anticonceptivos, o sistemas naturales que van desde el coito interrumpido
hasta el método oral.
Esta inseguridad derivada del desconocimiento, les impide sentir y gozar a
plenitud una relación sexual que, en la mayoría de las veces,
se produce en condiciones poco apropiadas.
En los hombres también suelen surgir miedos a los embarazos no deseados,
pero más frecuente es el miedo varonil a no lograr una erección,
temor que rara vez se atreven a confesar.
Estos temores suelen causar eyaculación precoz, impotencia y otras
disfunciones masculinas.
Las claves básicas para superar los temores son el afecto, la comprensión,
el diálogo, el sentido común, la responsabilidad, el respeto
y, además, tener presente que consultar con un especialista es el mejor
camino cuando los problemas se convierten en insolubles para la pareja.
Causas sicológicas
Entre las causas sicológicas más frecuentes se encuentran:
La hostilidad hacia la pareja o en general hacia el otro sexo. Suele ser manifiestada
o permanecer escondida en el inconsciente, sin que ambos la perciban. La hostilidad
hacia el otro sexo se manifiesta con demasiada frecuencia en mujeres con un
feminismo mal entendido, las cuales consideran que la culpa de su propia frustración
la tienen los varones y le declaran guerra abierta a los varones. En el hombre
esa hostilidad hacia la mujer suele venir por no haber logrado enamorar nunca
a una mujer o porque alguna, o varias, le hicieron un gran daño síquico.
El miedo al sexo, a los genitales o al desnudo, suelen ser muy habituales
en jóvenes o personas sin experiencia sexual y para corregirlo basta
encontrar una pareja adecuada. No hay manera más efectiva de perder
complejos y temores en asuntos de cama que tener a tu lado una persona amable
y comprensiva. Sin embargo, son frecuentes los episodios de miedo en personas
que no están satisfechas con su físico, por deformidades reales
o un sentido de belleza equivocado, para los cuales el acto sexual es un examen
que no desearían pasar porque temen reprobar. Así, mientras
que los hombres tienen una obsesión generalizada por su pene, especialmente
en cuanto al tamaño, las mujeres son muy sensibles a la belleza pura;
la obesidad, la celulitis y los pechos pequeños o mal formados, son
sus mayores miedos. También existe miedo a tocar los genitales de la
pareja, a la pérdida del control que necesariamente van a tener durante
el orgasmo, a necesitar tener relaciones frecuentes y que su pareja lo perciba.
La culpabilidad aparece no solamente cuando alguien ha realizado un acto reprobable
(como la infidelidad) hacia su pareja, sino incluso si uno de los dos es más
feliz, más sano o más triunfador que el otro. También
es frecuente este sentimiento cuando se autoanalizan y se consideran causa
de las depresiones o ansiedades del otro o recuerdan la última discordia
entre ambos.
La ansiedad se manifiesta cuando hay que realizar una postura o modo sexual
que no agrada, como pueden ser la duración excesiva o corta del acto
sexual, el sexo oral o ciertas posiciones o tocamientos que no corresponden
a tus apetencias. También aparece cuando las personas se dan cuenta
del inevitable proceso de envejecimiento debido al cual ya no se puede hacer
el acto sexual como antes, y el cuerpo ya no goza de la belleza y fortaleza
que tenía. En todos estos casos la sola idea de tener que realizar
el coito supone un estado de ansiedad grande, el cual se preferiría
evitar.
El miedo al fracaso, no solamente ocurre en el hombre, sino también
en la mujer que no logra excitar a su pareja o no consigue tener el orgasmo,
el deseo desmedido de tratar de agradar a su pareja olvidándose de
uno mismo, o la exigencia del otro para hablar de temas sexuales tan íntimos
que llevan a una falta de comunicación y a evitar la relación
sexual.
La ignorancia en materia sexual, lleva a muchas personas a odiar el sexo y
contribuir a que el otro lo odie. El dejarse influir por los actos amorosos
que reflejan en el cine, en el cual todo es una intensa pasión y felicidad,
lo mismo que escuchar a personas que manifiestan su total falta de interés
por el sexo, llevan a la persona a una situación muy alejada de la
realidad. Por supuesto en esta ignorancia están las creencias religiosas
que repudian el sexo como un modo de felicidad, los comentarios de las madres
sobre la voracidad desagradable de los hombres, el tamaño erróneo
de los órganos genitales, el supuesto modo correcto de hacer el amor
y, hasta lo que presuntamente se puede esperar de una relación sexual
satisfactoria.
Consecuencias
Los elementos bloqueadores del erotismo pueden evolucionar a situaciones de
mayor severidad, instalándose entonces las disfunciones eróticas.
Clínicamente, éstos son síndromes persistentes que alteran
negativamente el deseo, la excitación, el orgasmo y la eyaculación.
Las disfunciones de la vida erótica se clasifican en cuatro grandes
grupos: por su presentación, en primarias y secundarias. Las primeras
son las que están presentes desde el propio inicio de la vida sexual;
las segundas, aquellas que se presentan después de un período
de funcionamiento adecuado.
Por su etiología, las disfunciones eróticas pueden ser: orgánicas,
psicológicas, socioculturales y mixtas -según tengan respectivamente-,
un origen físico, emocional, por influencia del aprendizaje y el entorno
social o bien, cuando son el resultado de una combinación de etiologías.
Algunos autores consideran una quinta etiología: problemas de la dinámica
de pareja, sin embargo, los conflictos de pareja constituyen un auténtico
“cocktail” en el que participan factores
socioculturales, psicológicos y orgánicos, así como el
desequilibrio de uno o más de los vértices del triángulo
del amor.
Por otro lado, las disfunciones eróticas pueden ser selectivas, cuando
se presentan con algunas personas y con otras no y situacionales, cuando su
aparición depende de factores circunstanciales, tales como lugar y
tiempo.