La Pareja

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Sexo: ¿tiranía o felicidad?

Historia de las Orgias

 

Masturbación

 

El Orgullo
de ser Virgen


Brooke Shields
“la última virgen de Hollywood”

 


 

 

Fobia al sexo
Cuando el miedo impide disfrutar del placer



Los efectos de las caricias no sólo se limitan al cuerpo. Tienen consecuencia en las emociones y la mente. Facilitan un clima de espontaneidad y un acercamiento que ayuda a crear una conexión real con la pareja. Al igual que cuando miras, escuchas o saboreas, cuando tocas a tu pareja, alimentas la confianza y es una de las experiencias más placenteras que pueden compartir y combatir así el cansancio de todos los días.

El sexo, aunque parezca increíble, suscita dudas e interrogantes al presentarse como una de las facetas humanas más ricas y atrayentes, pero llena de misterios.
Es, precisamente, lo desconocido y lo misterioso lo que despierta las preguntas y las dudas. Cuando esta curiosidad se agudiza puede llegar a producir una sensación de miedo e inseguridad. Esto es el famoso miedo al sexo.

Según el sexólogo Jacques Waynberg, sólo una minoría de hombres y mujeres tienen las aptitudes necesarias para acceder a las maravillas del erotismo.
De acuerdo a Waynberg hace falta tener imaginación y ser capaz de sacar partido del cuerpo propio y del de la otra persona a través de todos los poros de la piel.
Dudas que se multiplican
El solo hecho de pensar en la unión de los cuerpos genera inquietudes y dudas, que se van multiplicando cuando se enfrentan a la relación íntima, ya sea con un compañero(a) habitual u ocasional.
Según l sexólogo Ignacio Arias Polanco, las dudas más comunes se refieren a ¿cómo se comportará en el lecho?, ¿demostrará ternura al hacer el amor?, ¿qué le agradará que haga?, ¿cómo seducirá?, ¿cómo le gustará ser seducido(a) ?, ¿será apasionado (a)?, etcétera.
Pero no sólo la personalidad de la pareja despiertan las inquietudes, también preocupa descubrir cómo es su físico. ¿Será atractivo su cuerpo?, ¿le gustará el mío?
Durante el acto sexual también pueden surgir otras preguntas que podrían obtener respuesta con el correr de los días o, mantenerse como incógnitas si la relación no permanece. Hay interrogantes tales como ¿le gustará el sexo oral?, ¿preferirá cierto tipo de caricias?, dice Arias.
Después del acto sexual también aparecen dudas tales como: ¿lo habrá pasado bien?, ¿habrá sentido un gran placer?, y si hay respuestas positivas, quedará pavimentado el camino para otro encuentro que se realizará con un mayor cúmulo de informaciones y conocimiento.
Sin embargo, por más preparación que se tenga, siempre surgirán interrogantes distintas e inesperadas que estarán fuera del libreto. Y es precisamente esa posibilidad la que suele causar temor a muchas personas.
Según algunos sexólogos, el miedo más frecuente en las mujeres, es el miedo a la penetración. Por lo general, en estos casos la mujer siente que es objeto de una agresión cuando ve el pene erecto entrar en la vagina.
Los varones también suelen sentir miedo en el momento de introducir su pene en la vulva, y esta sensación muchas veces redunda en una forma de impotencia, eyaculación precoz o cualquiera otra disfunción.

Sentimientode castración
El doctor Bernard Kirby, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Ohio, en un reciente estudio sobre esta materia ,explica que las reacciones de temor del varón cuando hace el amor, se producen porque tiene presente la idea de la castración. Es un sentimiento inconsciente que muchos hombres sienten al hundir el pene en una vagina, porque piensan que en ese momento pueden perder sus genitales. Es como si la vagina tuviera alguna similitud con una trituradora.
En otros casos surge la idea de la muerte, tanto en él como en ella. En los hombres, esta idea podría referirse a que el pene entra vivo (erecto) y sale, después de la eyaculación, muerto (flácido).
Algunos sexólogos sostienen que el temor a la castración es un atavismo que supuestamente proviene de la época de los romanos. Castrati, en latín, significa sin genitales. En aquella época muchos jóvenes eran castrados para que integraran los coros y reproducir las voces femeninas.
En el caso de la relación sexual, la vagina puede representar para el varón algo desconocido que produce temor por una creencia que el órgano femenino podría devorarle el falo.
Es posible que la forma de la vagina contribuya un poco a eso, porque se asemeja a una boca vertical que incluso, tiene labios.
Muchos varones, en forma inconsciente sufren con ello y hasta pueden frustrar una relación sexual.

Otros temores
Hay muchos otros miedos que pueden adueñarse de las personas, cuando se trata de comportamientos sexuales. En el último tiempo ha surgido el miedo al sida, pero mucho más antiguos son el miedo al embarazo no deseado, el miedo al dolor, el miedo a perder la virginidad o el miedo a que existan indicios que delaten la relación.
El miedo al dolor están muy relacionado con el miedo a la penetración y es muy frecuente que las mujeres piensen que el coito resulta doloroso y molesto. El miedo a la pérdida de la virginidad es cada vez menor, sin embargo aún persisten en cierta medida la costumbre machista de valorar la virginidad por sobre las cualidades personales de una mujer.
El miedo al embarazo es el que se presenta con mayor frecuencia, especialmente en jovencitas que sienten el despertar al sexo y buscan la forma de eludir posibles embarazos, incluso pasando por encima de creencias o mandatos religiosos.
Muchas jóvenes buscan consejo acerca de la seguridad que ofrecen determinados anticonceptivos, o sistemas naturales que van desde el coito interrumpido hasta el método oral.
Esta inseguridad derivada del desconocimiento, les impide sentir y gozar a plenitud una relación sexual que, en la mayoría de las veces, se produce en condiciones poco apropiadas.
En los hombres también suelen surgir miedos a los embarazos no deseados, pero más frecuente es el miedo varonil a no lograr una erección, temor que rara vez se atreven a confesar.
Estos temores suelen causar eyaculación precoz, impotencia y otras disfunciones masculinas.
Las claves básicas para superar los temores son el afecto, la comprensión, el diálogo, el sentido común, la responsabilidad, el respeto y, además, tener presente que consultar con un especialista es el mejor camino cuando los problemas se convierten en insolubles para la pareja.

Causas sicológicas
Entre las causas sicológicas más frecuentes se encuentran:
La hostilidad hacia la pareja o en general hacia el otro sexo. Suele ser manifiestada o permanecer escondida en el inconsciente, sin que ambos la perciban. La hostilidad hacia el otro sexo se manifiesta con demasiada frecuencia en mujeres con un feminismo mal entendido, las cuales consideran que la culpa de su propia frustración la tienen los varones y le declaran guerra abierta a los varones. En el hombre esa hostilidad hacia la mujer suele venir por no haber logrado enamorar nunca a una mujer o porque alguna, o varias, le hicieron un gran daño síquico. El miedo al sexo, a los genitales o al desnudo, suelen ser muy habituales en jóvenes o personas sin experiencia sexual y para corregirlo basta encontrar una pareja adecuada. No hay manera más efectiva de perder complejos y temores en asuntos de cama que tener a tu lado una persona amable y comprensiva. Sin embargo, son frecuentes los episodios de miedo en personas que no están satisfechas con su físico, por deformidades reales o un sentido de belleza equivocado, para los cuales el acto sexual es un examen que no desearían pasar porque temen reprobar. Así, mientras que los hombres tienen una obsesión generalizada por su pene, especialmente en cuanto al tamaño, las mujeres son muy sensibles a la belleza pura; la obesidad, la celulitis y los pechos pequeños o mal formados, son sus mayores miedos. También existe miedo a tocar los genitales de la pareja, a la pérdida del control que necesariamente van a tener durante el orgasmo, a necesitar tener relaciones frecuentes y que su pareja lo perciba.
La culpabilidad aparece no solamente cuando alguien ha realizado un acto reprobable (como la infidelidad) hacia su pareja, sino incluso si uno de los dos es más feliz, más sano o más triunfador que el otro. También es frecuente este sentimiento cuando se autoanalizan y se consideran causa de las depresiones o ansiedades del otro o recuerdan la última discordia entre ambos.
La ansiedad se manifiesta cuando hay que realizar una postura o modo sexual que no agrada, como pueden ser la duración excesiva o corta del acto sexual, el sexo oral o ciertas posiciones o tocamientos que no corresponden a tus apetencias. También aparece cuando las personas se dan cuenta del inevitable proceso de envejecimiento debido al cual ya no se puede hacer el acto sexual como antes, y el cuerpo ya no goza de la belleza y fortaleza que tenía. En todos estos casos la sola idea de tener que realizar el coito supone un estado de ansiedad grande, el cual se preferiría evitar.
El miedo al fracaso, no solamente ocurre en el hombre, sino también en la mujer que no logra excitar a su pareja o no consigue tener el orgasmo, el deseo desmedido de tratar de agradar a su pareja olvidándose de uno mismo, o la exigencia del otro para hablar de temas sexuales tan íntimos que llevan a una falta de comunicación y a evitar la relación sexual.
La ignorancia en materia sexual, lleva a muchas personas a odiar el sexo y contribuir a que el otro lo odie. El dejarse influir por los actos amorosos que reflejan en el cine, en el cual todo es una intensa pasión y felicidad, lo mismo que escuchar a personas que manifiestan su total falta de interés por el sexo, llevan a la persona a una situación muy alejada de la realidad. Por supuesto en esta ignorancia están las creencias religiosas que repudian el sexo como un modo de felicidad, los comentarios de las madres sobre la voracidad desagradable de los hombres, el tamaño erróneo de los órganos genitales, el supuesto modo correcto de hacer el amor y, hasta lo que presuntamente se puede esperar de una relación sexual satisfactoria.

Consecuencias
Los elementos bloqueadores del erotismo pueden evolucionar a situaciones de mayor severidad, instalándose entonces las disfunciones eróticas. Clínicamente, éstos son síndromes persistentes que alteran negativamente el deseo, la excitación, el orgasmo y la eyaculación.
Las disfunciones de la vida erótica se clasifican en cuatro grandes grupos: por su presentación, en primarias y secundarias. Las primeras son las que están presentes desde el propio inicio de la vida sexual; las segundas, aquellas que se presentan después de un período de funcionamiento adecuado.
Por su etiología, las disfunciones eróticas pueden ser: orgánicas, psicológicas, socioculturales y mixtas -según tengan respectivamente-, un origen físico, emocional, por influencia del aprendizaje y el entorno social o bien, cuando son el resultado de una combinación de etiologías.
Algunos autores consideran una quinta etiología: problemas de la dinámica de pareja, sin embargo, los conflictos de pareja constituyen un auténtico “cocktail” en el que participan factores socioculturales, psicológicos y orgánicos, así como el desequilibrio de uno o más de los vértices del triángulo del amor.
Por otro lado, las disfunciones eróticas pueden ser selectivas, cuando se presentan con algunas personas y con otras no y situacionales, cuando su aparición depende de factores circunstanciales, tales como lugar y tiempo.