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| De los Besos y sus Historias |

Las fantasías sexuales se definen como representaciones imaginarias emanadas del inconsciente que permiten visualizar situaciones sexuales que se han vivido, que nunca se van a vivir, o que se desearía vivir en algún momento. Permiten una evasión temporal de la realidad, y en ellas se concentran sueños, recuerdos, deseos y frustraciones.
En principio y por
su propio concepto, éstas son solo dominio de nuestra imaginación, nunca de
la realidad, pero como veremos es precisamente en las fantasías donde más
fina resulta la barrera, donde más cerca está la realidad de la imaginación...
No cabe ninguna duda de que el órgano
sexual más importante es el cerebro, y la zona más erógena la imaginación.
Esto puede dar una idea de la importancia que la sexualidad puede tener en
nuestra "vida interior", el mundo interno que
define Guillermo Feo, médico psiquiatra fundador del Centro de Atención Integral
a la Familia. En oposición se encuentra el mundo externo, sujeto a la percepción
de los cinco sentidos.
Entre ambos sin embargo, se sitúa la fantasía, "representación de todo aquello que se da dentro de una persona, que no tiene que ver con la percepción específica del mundo externo. Es decir, no lo está oliendo, ni viendo ni tocando ni gustando. Todo este inmenso reino es la fantasía. Basándonos en esta apreciación podríamos decir que una fantasía sexual es una reproducción de imágenes fundamentadas en vivencias pasadas o una manera de dar forma sensible a las experiencias ideales."
Lo más común es que las fantasías sean originadas por un estímulo externo, como un desconocido que nos resulta atractivo, una película o una ligera insinuación. También utilizamos recuerdos de escenas vividas para recrearnos en sus sensaciones o recuperar aspectos que añoramos en la actualidad.
La mayoría de las personas puede controlar la forma en que su imaginación crea estas fantasías, y el momento en que lo hace, pero existen trastornos que restan control a la persona, lo que puede originar grandes dificultades de comportamiento.
La imaginación es una manifestación más
de nuestra sexualidad, y por lo tanto puede ser origen de grandes satisfacciones,
pero también de grandes frustraciones. A pesar de que sea una opinión muy
extendida, no puede decirse que las fantasías están conectadas con la realidad.
No reflejan necesariamente nuestros deseos. Aunque puedan ser una valiosa
ayuda para conocer nuestra verdadera identidad sexual, pensar algo no quiere
decir necesariamente que queramos hacerlo.
Por ejemplo, imaginar el sexo con otra pareja no nos
convierte en infieles.