La sexualidad feliz
Conviene partir de un hecho: el conflicto en las relaciones de pareja es la regla, no la excepción, en todas las culturas. Si fuéramos inteligentes, creo que en este momento, aprovechando precisamente que la primera revolución sexual desescombró el terreno, podríamos construir una sexualidad vivible. Para ello tenemos que introducir el mundo del sexo en el dinamismo de nuestras grandes expectativas vitales. Todo lo que hacemos lo hacemos movidos por dos inevitables impulsos. Buscamos el bienestar (físico y afectivo) y buscamos la ampliación de nuestras posibilidades (queremos conocer más, inventar, construir, sentirnos creadores, eficientes y necesarios). Si la convivencia amorosa quiere mantenerse viva, y no sobrevivir mustiamente apoyada en un sistema de rutinas y apegos, debe satisfacer esas dos grandes motivaciones. Una convivencia placentera y cómoda es imprescindible, pero no suficiente. Necesitamos sentir que esa relación, esa persona, ese modo de vida, aumenta también nuestras posibilidades vitales. He comparado la convivencia sexual –amorosa y erótica– con una conversación, porque la conversación es una maravillosa prueba de comunicación lograda. Es, en primer lugar, libre. No podemos obligar a otra persona a conversar. Podemos obligarla, en todo caso, a que responda a un interrogatorio. En segundo lugar, es estimulante. En una buena conversación se me ocurren cosas más brillantes, apasionantes o divertidas, suscitadas por las palabras del interlocutor. Además, es imprevisible. Se sabe cómo comienza una conversación, pero no dónde va a terminar. Carmen Martín Gaite, magnífica conversadora, decía que era bueno que las conversaciones se fueran por los cerros de Úbeda, porque a lo mejor lo interesante estaba en Úbeda. Por último, una conversación, como los amores, puede ser interminable, pero no lo es obligatoriamente. Depende del talento de los interlocutores. En este tipo de relación se reciben continuamente premios de la otra persona. Premios sensuales, afectivos, intelectuales, prácticos. Eso es la felicidad.