

Frost/Nixon (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia/2008). Dirección: Ron Howard. Con Frank Langella, Michael Sheen, Sam Rockwell, Kevin Bacon, Oliver Platt, Rebecca Hall y Toby Jones. Guión: Peter Morgan, basado en su obra de teatro. Fotografía: Salvatore Totino. Música: Hans Zimmer. Edición: Dan Hanley y Mike Hill. Diseño de producción: Michael Corenblith. Presentada por UIP. Duración: 122 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: muy buena
La reconstrucción de una entrevista televisiva grabada hace más de tres décadas y que incluso ya había sido objeto de una versión teatral no parecía, en principio, el más estimulante de los proyectos cinematográficos y tenía, por lo tanto, mucho más para perder que para ganar. Sin embargo, el director Ron Howard, el dramaturgo y guionista Peter Morgan, y los dos protagonistas de la obra original (Frank Langella y Michael Sheen) no sólo logran superar los prejuicios, las limitaciones o los riesgos que podían herir el resultado final del film, sino que además lo convierten en un retrato humano y en una exploración mediática de enorme intensidad.
Nominada a cinco premios Oscar (película, dirección, guión adaptado, actor protagónico y edición), Frost/Nixon es bastante más que un simple docudrama sobre la trastienda de un hito periodístico. La anécdota central (y a la vez superficial) es que David Frost (Sheen, que venía de interpretar a Tony Blair en La reina , otro guión de Morgan), un popular conductor de talk shows en Gran Bretaña, los Estados Unidos y Australia que se encontraba en plena debacle profesional, se decide a entrevistar a Richard Nixon (Langella), tres años después de que éste renunciara a la presidencia por el escándalo de Watergate sin hacer un mea culpa.
El film, es cierto, narra el antes (incluido el arreglo económico que le dejó al ex mandatario al menos 600.000 dólares), el durante (las casi 30 horas de grabación que luego fueron editados en cuatro programas de 90 minutos cada uno vistos por más de 45 millones de espectadores) y el después de aquel reportaje de 1977, pero en realidad lo que la película intenta (y logra) es presentar un combate casi boxístico entre dos almas en pena que buscaban de manera desesperada la redención. Para Frost, que invirtió de su bolsillo buena parte de los dos millones de dólares que requirió el emprendimiento, era la posibilidad de regresar a los primeros planos y revitalizar su alicaída carrera. Para Nixon, la última oportunidad de reivindicarse ante la opinión pública.
Casi todas las apuestas que hacen Morgan y Howard (incluida una suerte de falso documental narrado desde la actualidad) salen bien y hasta la música de Hans Zimmer es austera y funcional. Y, si bien estamos aquí ante un duelo de titanes (dos grandes personajes, dos grandes actores), cada uno de los personajes secundarios tiene al menos una escena memorable: desde la novia de Frost (Rebecca Hall) hasta los asesores del entrevistador (Oliver Platt y Sam Rockwell), pasando por el consultor (Kevin Bacon) o el agente (Toby Jones) de Nixon.
Pero, más allá de los interesantes recursos narrativos, de la solvencia técnica o de la categoría de los intérpretes de Frost/Nixon , el mayor hallazgo tiene que ver con la profundidad, los matices, la sutileza y la sensibilidad con que se describe la relación entre los dos contrincantes, que permiten al espectador acercarse a la intimidad cambiante y contradictoria de ambas personalidades con la posibilidad de identificarse, de conmoverse o de indignarse en distintos momentos con cada uno de ellos.
Diego Batlle
La Nacion
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