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Mel Gibson
(Por su basura, los conoceras)
Mel Gibson
Actor y director de cine. 49 años. Envases de arroz de cinco kilos y objetos infantiles le delatan como padre de familia numerosa.
El hombre puede estar tranquilo. Su apellido -sinónimo de fama y fortuna- tiene garantizada la continuidad, al menos durante años. Y no precisamente por la conservación de sus más de 30 películas, sino por la colección de siete vástagos que ha traído al mundo. Lógicamente, en cooperación con su paciente esposa Robyn, con la que lleva más de dos décadas casado. Así, sus basuras, recolectadas a finales de 1996, son un escaparate de familia numerosa. Zapatos sueltos, cepillos de dientes, lápices de colores, juguetes varios, un atomizador para colorear el pelo, una tostadora, zumos de fruta, un cepillo y un saco de cinco kilos de arroz.
No es para menos ya que, por esas fechas, los Gibson eran ocho. Hannah, la mayor, de 16 años, los gemelos Christian y Edward, de 14 años, Willie, de 11, Louis, de 8 y Milo de 6. Sólo faltaba el pequeño Tommy, que nacería tres años más tarde, en 1999.
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¡Qué envidia!
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En esa época, Hannah se encontraba pasando por el trance de la pubertad. Es por eso que se puede justificar la presencia de un envase de Clearasil Maximum Strength. Una crema antiacné que esconde y combate cualquier grano rebelde.
La pobre Hannah, quizás atacada por una invasión de espinillas infectadas, también echaría mano de una crema astringente de Noxzema, cuyo envase descansa entre las muestras recogidas. ¿Para qué? Pues para evitar la salida de manchas en la piel así como para controlar el exceso de grasa, que combatiría también con el jabón hidratante Softsoap. Como se ve, un equipo muy completo para la chica.
Desodorante. El desodorante Speed Stick -vendido como el ideal para los que hacen ejercicio- y la crema de protección solar, de factor 15 nada menos, de la marca francesa Clarins, serían exclusivamente para Mel.
Al menos el desodorante. La crema puede que se la repartieran todos en sus correrías por las playas de Malibú, donde tienen una de sus cuatro residencias. No hay que olvidar que los Gibson son millonarios. El cabeza de familia rompía ese mismo año la barrera de los 20 millones de dólares de salario por participar en el filme Rescate.
Teléfono antiguo. Sin embargo, la familia de Mel siempre se ha caracterizado, al menos según los expertos en rumorología, por apreciar el valor de las cosas. Algo que se consigue con una educación estricta y fomentando el juego y el tiempo libre. Es decir, que hay un tiempo para cada cosa. Cuando se juega, se hace a conciencia, pero cuando hay que currar, se pide la misma intensidad.
Dos piezas de una aspiradora Míele y el teléfono jurásico roto que aparecen entre los restos dan idea de cómo la familia usa sus bienes hasta que están completamente inutilizables.
Devoción. Pero ante todo, Mel Gibson, que a mediados de los 80 pasó por una época negra -inmerso en un océano de alcohol que alimentaba con cinco cervezas antes del desayuno-, ha educado a su tropa en la necesidad de prepararse para ser hombres de provecho. Y también temerosos de Dios. El actor es un fervoroso seguidor de la religión católica. Aunque con una particularidad: no cree en las innovaciones presentadas en el Concilio Vaticano II, impulsado por el papa Juan XXIII a mediados de los 60.
Deportistas. Aunque cueste creerlo, el actor somete a sus hijos a una misa semanal en latín en una iglesia cercana a su residencia. Pero cuando hay tiempo libre, los niños quieren hacer deporte. Hay coderas y rodilleras de Fisher Price -para los más pequeños-, pelotas de tenis, guantes, unas gafas de buceo, un cinturón amarillo para esas tardes de judo, un puck -la ficha que se utiliza en hockey sobre hielo-, y dos bañadores, uno de ellos roto.
Galardones. Tanta actividad al aire libre ha tenido sus reconocimientos. Aunque no se ve ninguna medalla, sí hay un galardón que ganó uno de los gemelos. Fue concretamente Christian, y gracias a su participación en un curso de natación en mar abierto. No era un certamen cualquiera, sino el organizado por la escuela de Rob LeMond, un centro lúdico y de enseñanza para los más jóvenes, que centra sus esfuerzos en un objetivo: que sus alumnos sean capaces de desenvolverse en las aguas de Malibú.
Insignia. Además hay un pin -supuestamente conmemorativo-, para otro de los Gibson que participó en una competición de esquí en Colorado, en la que terminó en primer lugar.
Notas escolares. Lógicamente, también hay momentos en los que la familia se afana en exprimir al máximo su habilidad para el cálculo mental. Y vista la evidencia, hay buenas perspectivas. Un examen de matemáticas hecho por Edward, el otro gemelo, tiene una puntuación de 18 aciertos sobre 19. Un sobresaliente que en Estados Unidos se evalúa con la letra "A" según el baremo educativo del país.
Advertencia. Pero lo más llamativo es una hoja amarilla en la que se recuerda la prohibición de llevar armas a la escuela. Una advertencia que resulta chocante en España, pero muy habitual en los colegios estadounidenses, sobre todo después de la tragedia acaecida en el Instituto Columbine (Colorado), cuando dos alumnos asesinaron a tiros a doce compañeros en abril de 1999.