Igual de mortífero que la picadura de la temida araña Viuda Negra era el veneno que según parece utilizó Margarita Sánchez Gutiérrez para llevar a cabo los delitos que se le atribuyen desde su detención en 1996: el asesinato de cuatro personas y tres tentativas frustradas, todos ellos familiares y vecinos.
En estos momentos sigue en la cárcel a la espera del juicio para que sea el juez quien decida si su juicio es propio de una asesina despiadada que mataba para desvalijar a sus víctimas, o propio de una pobre enferma
que concentraba sus fracasos y desengaños y los proyectaba haciendo daño a la gente que le era más próxima. La verdad, es que como asesina Margarita demostraría ser un tanto patosa por ir olvidando pruebas que servirían para inculparla, aunque sí fría, calculadora y sin sentimientos, tal y como su triste existencia le había ido enseñado a lo largo de los años...
Después de unas declaraciones realizadas a la policía en las que admitía ser autora de algunos de los crímenes que se le imputan, realizó otras en las que sólo admite los robos y niega haber envenenado a nadie.
Sin embargo, la policía cree algo muy distinto.
Están absolutamente convencidos que Margarita es culpable de cuatro homicidios consumados y de otros tres más en grado de frustración.
Nació en Málaga el 26 de diciembre de 1953, con una deformación física en la cara: un grave estrabismo en el ojo derecho por el cual sería objeto de toda clase de burlas que la atormentarían desde muy pequeña. Trató de ocultar ese defecto en su aislamiento y timidez, pero aún así, no pudo evitar que algunos vecinos la apodasen cruelmente "la Tuerta".
Decidió trasladarse hasta Barcelona, en dónde conocería a Luis N., un conductor del metro que más tarde sería su marido y el padre de sus dos hijos. Las relaciones entre los dos nunca fueron demasiado bien, empeorando de manera notable pocos mese antes de que Luis falleciese de una inexplicable "muerte natural".
Por aquel entonces, Margarita y su marido estaban muy faltos de dinero, y ella, aprovechando su capacidad de entendimiento a las personas mayores, se dedicó a cuidar ancianos en los alrededores del barrio barcelonés de Sants, en dónde residían.
Su primera víctima fue una mujer de setenta años que vivía sola, Rosa M., vecina y amiga. El 3 de agosto de 1992 fue hallada inconsciente en su casa e ingresada de urgencia en un hospital, pero fallece a los pocos días. De su cuenta bancaria desaparece un millón de pesetas y de su domicilio, varios documentos.
El 26 de octubre de ese mismo año fallece su marido Luis víctima de unas extrañas dolencias que anteriormente le habían mantenido dos meses en el hospital.
Poco después cayó enferma su suegra, (madre de Luis), con la que tampoco se llevaba demasiado bien. La mujer había gozado siempre de una salud envidiable que se complicó cuando su nuera Margarita fue a vivir con ella. A lo largo de ese año, es ingresada cinco veces en el hospital, y ante el asombro de Margarita, sobreviviría a todas las intoxicaciones, (fallecería de una embolia en junio del 96, una vez detenida su nuera).
La mujer sólo consiguió sanar totalmente de sus raros achaques una vez que logró apartar a Margarita de su casa... y eso le daría muy mal que pensar...
El 11 de mayo de 1993, la viuda se traslada a Hospitalet, y allí conoce a nuevos vecinos con quien entablar su curiosa concepción de la amistad. Entre ellos estaba Manuel D., de cincuenta y siete años, que vivía solo en el ático.
Tal y como había ocurrió en otras ocasiones, su "amigo" Manuel fue hallado en estado comatoso en su vivienda, falleciendo poco después.
La siguiente persona que recibió la amistosa visita de Margarita fue su cuñado José A., de cincuenta años quien también vivía solo. Durante un tiempo, ella y su hija se fueron a vivir con él, pero no pasaron muchas semanas antes de que José empezara a padecer unas extrañas dolencias de las que fallecería sin remedio el 14 de agosto de 1993, desapareciéndole además todo el dinero del que disponía.
El 26 de agosto de 1995 José Antonio C., de sesenta y nueve años, vecino y amigo de Margarita, superaba in extremis una extraña intoxicación que le sobrevino de repente. La viuda, se había ofrecido a hacerle una paella, y después del deleite de aquella comida, José Antonio se puso muy enfermo. Durante el tiempo en el que estuvo ingresado en el hospital le desapareció medio millón de pesetas.
Justo un mes después, el 26 de septiembre, volvía a actuar en casa de una de sus vecinas de sesenta y siete años, Pilar H., quien a pesar de que no se fiaba del todo de la viuda, acabó por aceptarla en su casa.
Al poco tiempo, era descubierta por su hija acostada e inconsciente en un sofá. (Aunque no se sabe con certeza lo que ha pasado, y que la víctima afirma que la han narcotizado con cloroformo, la policía cree que le mezclaron un veneno con el café con leche, aunque la víctima da otra versión afirmando que la narcotizaron con cloroformo. Sea como fuere, Margarita aprovechó su estado de coma para robarle las joyas y diversos objetos de valor, además de un certificado de jubilada y la cartilla del banco.
Luego abandonó el piso dejándola inconsciente en el sofá. Pasados tres días y dado que Pilar vivía sola, Margarita intrigada por lo que podía haberle pasado avisó a la hija de la víctima. Una vez que ésta entró en el piso, descubrió a su madre en grave estado. La ingresó en el hospital donde estuvo al borde de la muerte, aunque logró sobrevivir.
Fue entonces cuando esas personas que lograron recuperarse milagrosamente del envenenamiento presentaron una serie de denuncias acusando a Margarita por tentativa de intoxicación.
Según la policía, la Viuda Negra había descubierto la forma de manipular firmas y cartillas de ahorro para extraer dinero de las cuentas mientras sus propietarios estaban ingresados en el hospital.
Primero entraba en contacto con la víctima y se ganaba su confianza. Luego los emponzoñaba con un potente fármaco que se puede comprar en farmacias a bajo precio con receta médica, cuyas propiedades descubrió casualmente al observar su letal efecto en una persona sometida a medicación que tomó una dosis mayor que la prescrita (en este caso, la policía no quiso facilitar el nombre del fármaco para evitar imitadores). La mujer falsificaba las recetas, probablemente ayudada por su hija que era menor de edad en el momento de los crímenes. El procedimiento que empleaba era mezclar el veneno con las bebidas en dosis suficientes para provocar un colapso circulatorio.
Todas las víctimas sufrían los mismos síntomas: náuseas, vómitos, taquicardia, hipotensión... y acababan entrando en coma. La mayoría de ellas quedaban tan dañadas por el veneno que no podían recuperarse y fallecían por parada cardiorespiratoria pasando estos fallecimientos por muerte natural.
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Este producto con el que eran intoxicados se metaboliza rápidamente y resulta prácticamente indetectable.
A partir de ahí, se llevó a cabo una minuciosa investigación. Además de las denuncias, los policías encontraron el DNI y la cartilla de ahorros de una de las víctimas en la casa de Margarita, por lo cual procedieron a su detención en junio de 1996 junto a su hija, a la que se acusa de complicidad en los presuntos asesinatos de la madre, aunque por ser menor es muy posible que sea libre de ser imputada.
Por ahora no se conoce con exactitud el total de sus crímenes ni cuantas fueron sus víctimas en realidad, pues se sospecha que hubo más. La policía estima que la viuda no se benefició excesivamente de sus presuntos crímenes porque calcula que el botín obtenido por todos ellos (los conocidos) no rebasaba los dos millones de pesetas