Aseguran que Fidel Castro mandó a matar a Salvador Allende

Más de 30 años después de la muerte del ex presidente chileno, un periodista francés aseguró que el líder cubano dio la orden e hizo que pareciera un suicidio

En su libro Cuba Nostra. Les secrets d´État de Fidel Castro, el periodista francés Alain Ammar aseguró que fue Fidel Castro quien ordenó el asesinato del ex presidente chileno Salvador Allende.

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A pesar de que el presunto autor de la muerte del presidente chileno está encarcelado en Cuba por narcotráfico y que los testimonios de los colaboradores de Allende siempre abonaron la tesis del suicidio, el periodista presenta una nueva teoría, a 32 años de la muerte de Allende.

Según Ammar, un agente cubano asesinó a Allende por orden de Fidel Castro e hizo que pareciera un suicidio, según publicó La Vanguardia .

En su libro Cuba Nostra. Les secrets d´État de Fidel Castro, Ammar basa su afirmación en el testimonio de dos ex agentes cubanos, actualmente disidentes exiliados en Francia.

Los cubanos coinciden en que el agregado militar de La Habana en Santiago el día del golpe, Patricio de la Guardia, se jactaba en privado de haber matado a Allende.

Al parecer -según los cubanos- De la Guardia recibió órdenes expresas de Castro de que no quería que el presidente se rindiera o negociara con el general Pinochet su marcha al exilio ni alcanzara algún pacto con los militares. Según esa hipótesis, con la muerte de Allende se garantizaba un estallido revolucionario.

Paradójicamente, Ammar no obtuvo la versión directa del supuesto asesino, ya que éste se encuentra en Cuba en régimen de arresto domiciliario.

EN EL FORO!!!

¿CREES VERAZ O POSIBLE DICHA TEORIA?

FUENTE:INFOBAE

 

La verdadera muerte de un Presidente

Por: Gabriel García Márquez

A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad.

La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.

La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.

Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.

Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacio s, logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: "Traidor", y lo hirió en la mano.

Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.

La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del pe riódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que la Sra. Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.

Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumadas y encuentros furtivos.

Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le de paró l a rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derech o burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que el se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

FIN