¿Influye la violencia televisiva en el crimen?

Para la misma fecha que tan esperada película "Hannibal", en la que el actor Anthony Hopkins da vida de nuevo al terrorífico asesino en serie caníbal Hannibal Lecter, un adolecente de 17 años en Milan desgolladria a su novia.
Luego de la investigacion s llego a la conclusion que el chico habia sido inspirado por la cinta del Loctor Lecter

Este echo dramático nos hace preguntar ¿ si las escenas de violencia en la televisión y el cine son perjudiciales para los televidentes.?

Al parecer, Roberto, de 17 años había ido con su novia Mónica a ver la película, de la cual salió muy impresionado. Dos días después, se presentó en la escuela de magisterio dónde estudiaban y durante el descanso el chico se acercó a Mónica, la agarró por la espalda, sacó una navaja y la degolló seccionándole la yugular.

Este crimen conmocionó a toda Italia y abrió la polémica de la violencia cinematográfica. Ridley Scott, el director de la película respondió diciendo que era estúpido discutir sobre la calificación de las películas, y que eran los padres los que debían hacerse cargo de ese problema.


Días más tarde de la detención del joven milanés se sospecha que el móvil del crimen pudo haber sido otro: los celos. Al parecer sus conocidos lo han descrito como un joven muy posesivo y locamente enamorado de Mónica, del que era absolutamente dependiente.
Las amigas de la víctima sabían que ésta había conocido a otro joven y cuando Roberto se enteró se sumió en un estado semi autista e ideó una manera de amenazar a su novia.

Desde la cárcel, Roberto aseguró que nunca quiso matarla, que solo quería asustarla. Lo único que recuerda es que se dirigió hasta dónde ella estaba con sus amigas, que la cogió del pelo y que le puso un cuchillo en el cuello. No recuerda lo que pasó después...

A pesar de todo, este no ha sido el único caso considerado como de "influencia televisiva". En mayo de 1999 sucedía un echo similar en Alemania, pero aquí los protagonistas fueron dos niños ambos de doce años.
Tras ver la conocida película de Alfred Hitchcock "Psicosis" que estaban poniendo en la televisión aprovechando que sus padres dormían, éstos se liaron a puñaladas imitando al psicópata Norman Bates. A las tres de la madrugada, los padres oyeron unos golpes y ruidos extraños. Al acudir a la habitación de los muchachos los encontraron heridos y cubiertos de sangre. En esta ocasión sí puede decirse que la película les había perturbado, haciendo que perdiesen la noción de la realidad y la confundiesen con la ficción.

Otro caso que recordamos, también ocurrido en 1999, no terminó tan trágicamente como en los dos casos anteriores pero sí provocó que una niña australiana de diez años tuviese que ser internada en un hospital psiquiátrico con síntomas de psicosis infantil.
Sus padres habían alquilado la primera parte de la famosa saga "Scream" (no recomendada para menores de 18 años), en la que un asesino en serie disfrazado de fantasma asesina salvajemente a varias adolescentes. En un descuido, la niña se adueñó de la televisión y tras ver algunas de las imágenes de la película padeció un fuerte ataque de ansiedad. Los padres tuvieron que llevarla al médico en los días posteriores por las terribles pesadillas crónicas que sufría, acompañadas de arrebatos de violencia y alucinaciones.

¿Deberíamos prohibir las imágenes violentas?

Para el psiquiatra Luis Rojas Marcos, experto en temas de violencia, "la violencia televisiva no induce a la agresión porque el ser humano aprende pronto a discriminar la fantasía de la realidad y los comportamientos aceptables de los no aceptables. Con los niños ocurre lo mismo, lo que ocurre es que muchas horas delante de la pantalla roban mucho tiempo para sus actividades sociales".
Rojas, en su libro "Las semillas de la violencia", nos expone la dificultad en la eterna discusión de si prohibir o no la violencia en los medios. En primer lugar plantea que la censura o la supresión de las escenas violentas no son buenas porque atentan contra la libertad de expresión y pueden empobrecer las grandes obras de la literatura o del cine.

También nos recuerda que los medios se amoldan siempre a los deseos del público, por esa razón los programadores de televisión seleccionan lo que exige el espectador, lo que está de moda, lo que la gente más mira. Y por lo que se ve, la violencia es lo que está de moda en estos momentos, no hay más que ver la cantidad de programas tipo reality shows, las reconstrucciones de sucesos reales, las películas con muchos efectos especiales, etc.

Por otro lado también es cierto que las personas que ven con regularidad películas o programas sobre crímenes suelen tener más miedo a ser víctimas de una agresión y tienden a estar preparados, a protegerse más y a prevenirse sobre un posible ataque.

En el caso de los niños, según un estudio realizado en España hace unos años por la Asociación de Telespectadores y Radioyentes, éstos ven a la semana una media de 670 homicidios, 420 tiroteos, ocho suicidios y 30 torturas.
Rojas reconoce que es cierto lo que se dice que los niños aprenden de lo que ven, y no es de extrañar que a veces la exposición continuada a imágenes violentas les pueda provocar algún tipo de agresividad, pero que el dilema de la censura reaparece en estos casos: ¿qué imágenes pueden ver y cuáles no? ¿cuánta violencia es demasiada? ¿cuántos tiros son demasiados? ¿pueden un niño ver una película en la que el personaje bueno mate al malo?...

 

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¿Por qué nos atraen las escenas de violencia?

Desde los comienzos de la civilización y en casi todas las culturas, el hombre ha sentido fascinación por las escenas de violencia. Solo tenemos que hacer memoria para recordar a los antiguos romanos y sus circos-coliseo en los que el público aplaudía fanáticamente cuando un cristiano era devorado por los leones, o dos gladiadores luchaban hasta que uno de ellos era ejecutado. Más recientes están los ajusticiamientos a los condenados, en dónde torturas públicas como la condena a la hoguera o a la guillotina eran considerados espectáculos muy populares y aplaudidos.

Esto se debe según los psicólogos a que el hombre necesita constantemente una búsqueda incansable de experiencias, y que para permitir mantener despiertas las sensaciones, los órganos de los sentidos requieren estímulos cada vez más intensos.
Hoy, el sustituto del patíbulo, del coliseo y de la guillotina son las escenas que vemos cada día a través del cine y la televisión, quién alimenta esa necesidad natural de estímulo y excitación.

Lo único que cambia con el pasado es que la agresividad que hoy en día cautiva a los hombres y a las mujeres se caracteriza por ser morboso, predecible, pero no real. Observar como un ser humano inflige daño a otro solo suele gustar al espectador si éste sabe que la escena no es real. Esto es debido a lo que en psiquiatría se conoce como síndrome postraumático: cuanto más verdaderas son las escenas, más las personas necesitan saber que no son ciertas sino muy pocos podrían soportar mirarlos y sufriríamos traumas psicológicos.
Es precisamente lo que nos ocurre con las imágenes de televisión, nos agrada la violencia y la acción que se desarrolla en una película, pero en el fondo sabemos que no es más que una película, que la gente que se muere son actores y que siguen con vida.

El psiquiatra Rojas Marcos concluye diciendo que "aunque el ser humano normal utilice la imitación para incorporar ciertas conductas que observa a su alrededor aprende muy pronto a diferenciar lo que es fantasía de la realidad y a saber lo que es un comportamiento social de uno asocial. El problema viene cuando una persona desequilibrada o con problemas de personalidad ve continuamente este tipo de imágenes".

Y con esta frase volvemos al caso de Roberto, el joven italiano. ¿Fue realmente el personaje Hannibal Lecter quién le inspiró para degollar a su novia, o fue él mismo víctima de sus celos patológicos y de su personalidad perturbada? El debate sigue abierto...

 

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