

BEBÉS BUCEADORES
Fuente:elmundo.es
AL AGUA PATOS
No sufren, ni se les crea ningún trauma, ni corren peligro de ahogarse porque en los primeros meses de vida disponen de un mecanismo de supervivencia, el reflejo de Hering-Breuer, que les permite cerrar las vías respiratorias cuando se sumergen. Es más, se divierten, como reflejan las imágenes de la inglesa Zena Holloway, que a sus 27 años ha retratado a más de 3.000 bebés bajo el agua. Entre otras ventajas, aprender a nadar de forma precoz fomenta la sociabilidad y la psicomotricidad.
Rodeada de un puñado de pececillos humanos, la monitora no puede evitar reírse con los saltos de felicidad del intrépido Alejandro, o compartir la emoción de Rita tras su primera inmersión. Sonrientes boquerones y sirenitas de apenas cinco, seis o siete meses de edad reviven en el agua las experiencias aprendidas en sus buceos dentro del vientre materno. Regordetes supermanes, con coquetos pañales sumergibles de colores, se lanzan en plancha, flotan, salpican agua en los brazos de sus madres entre grititos de alegría, bucean con los ojos abiertos.
Están cómodos y seguros: el miedo a ahogarse o hundirse está ausente, no conocen el peligro.
Los más pequeños son los más atrevidos, capaces de convertir una piscina de un metro de profundidad en todo un mundo maravilloso. "Es como la tripita de mamá, sólo que mucho más grande.
Aquí sí que hay espacio para mil aventuras submarinas divertidas", parece querer decir la sonriente Vali, de cinco meses, mientras explora las profundidades con sus hermosos ojos llenos de gozosa excitación.
La joven inglesa Zena Holloway, autora de las fotos de este reportaje, ha hecho de los bebés los protagonistas de su obra. Todo comenzó cuando a los 18 años, siendo instructora de buceo en el Caribe, se enroló en un equipo de producción de anuncios para televisión que trataba de grabar a una modelo bajo el agua. Fue el inicio de una exitosa carrera, en la que ha colaborado con National Geographic, The Sunday Times o la BBC. Precisamente cuando rodaba un trabajo sobre el cuerpo humano para la emisora inglesa, se dejó cautivar por los bebés acuáticos. Hoy, a sus 27 años, ha fotografiado a más de 3.000 y publicado varios libros que recogen sus mejores imágenes.
Probablemente Holloway se sintió atraída por las escenas de diversión y regocijo habituales en todos los centros de natación para bebés. "Si metes a un bebé en agua templadita, con su mamá, ¿qué problema va a tener?", señala Cristina Gómez, especialista desde hace nueve años en educación infantil y monitora de Baby Gym (Pozuelo de Alarcón, Madrid). En este centro se dan clases a bebés a partir de los cinco meses.
En la piscina, la pequeña María, con los ojos muy abiertos, se ríe a carcajadas, mojada y remojada por su entregado papá. La mamá de Javi aplaude a su hijo, que chapoteando llega a sus brazos tras recorrer casi medio metro solito con su flotador rosa.Y es que los bebés siempre están acompañados por uno de los progenitores: "Trabajar con los padres es muy importante para que el niño se sienta a gusto en el agua, en los brazos de un ser cercano", comenta Cristina Gómez, que en todo momento los asesora y les explica los ejercicios nuevos que hacen sus hijos. "Existen algunas cosas básicas que todo padre debe conocer. Lo primero es respetar el ritmo de desarrollo del niño, no forzarle a nada. También hay que ayudarle a que se adapte al agua, salpicándole con cuidado, diciéndole palabras cariñosas, familiarizándolo con los juguetes, con los otros niños, con el profesor. Por su parte, el papá aprende a soplar al bebé en la cara para prepararlo y anticiparle así a la sumersión y evitar que no trague agua".
Precisamente, la capacidad de anticiparse a los estímulos es una de las cualidades que se fomenta en los pequeños. Por eso se intenta no pillarles nunca por sorpresa, ni asustarlos.
La monitora los anima con palabras dulces y con canciones: la idea de la diversión ha de ser una constante en las clases con bebés. La comunicación con el pequeño aprendiz se establece a través del cuerpo. "Los niños no hablan todavía y la piel es el único medio de comunicación que tienen. Por eso, si el papá está incómodo, tiene miedo o está inseguro, el niño lo nota y absorbe esa sensación inmediatamente", apunta Cristina Gómez.
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