Adiós a los dinosaurios
El cine de acción ha
vivido una particular evolución de sus héroes. De los héroes
estilizados de los años 70 como Steve McQueen y Bruce Lee se pasó
a tipos grandotes como Schwarzenegger y Stallone en los 80s. Rusell Crowe,
que se perfila como el héroe de acción del presente, parece
indicar que Hollywood ha abandonado el gigantismo.
L
os
géneros del cine son como una parcelación de las complicaciones
de la vida de todos. Si uno quiere ejercitar el corazón pues ahí
están los melodramas o las comedias románticas. O experimentar
la libertad absoluta está en las películas del oeste o las
de carretera. Y la parte que solo quiere ver cosas bonitas puede dedicarse
a los musicales o los dibujos animados abstractoides de Disney en Fantasía
.
Y si quiere soltar la agresión reprimida luego de un día de caos vehícular, problemas de oficina y demás, no hay nada mejor que las películas de acción. Patadas que vienen y van, dientes que vuelan, manos que estrangulan y la sangre que sale... Sí, no hay nada como el cine de acción para descargar la agresividad acumulada.
Pero el cine de acción es más que eso. Esa agresividad permite que se establezca un vínculo especial con los héroes de las películas que terminan por encarnar mejor que cualquier otra estrella de cine los ideales masculinos de una época. Y eso hace tan dramático ver la completa falta de gracia de, digamos, Schwarzenegger en el presente. ¿En qué momento semejante ideal de potencia masculina se envejeció? Antes parecía una tractomula capaz de llevarse todo por delante mientras ahora se ve viejo y ridículo, como un perro con artritis tratando de orinar con la pata alzada.
Es difícil situar con exactitud la incomodidad que da ver a Schwarzenegger así. Tal vez sea algo parecido a cuando los niños descubren que sus padres no son infalibles o que el Niño Dios... Mmm... bueno... O tal vez ofrezca un espejo aterrador de cómo se envejece, o se niega a envejecer, en una sociedad obsesionada por la juventud y los músculos. Porque si acaso alguien encarna la obsesión por los aeróbicos y los gimnasios de la década de los 80s, la preocupación por los suplementos de vitaminas y la textura de los abdominales, esa persona es Arnold Schwarzenegger.
La evolución
Si
se mira con atención se puede ver que los íconos del cine
de acción coinciden de manera clara con tendencias mayores en la
sociedad en general.
Por ejemplo la década de los 80s vio el surgimiento de una nueva clase de héroe de acción. Una especie de retroceso evolutivo con respecto a los héroes ágiles y compactos surgidos en los 70 (si tomamos evolución en su sentido biológico, como el paso de chimpancés grandulones y torpes a los humanoides pequeños, ágiles e inteligentes). Ya no se apreciaba la velocidad o el encanto de un Steve McQueen o un Bruce Lee, los nuevos héroes eran mastodontes de cuerpo perfectamente afeitado y músculos delineados. Como el señor Schwarzenegger (ganador durante varios años seguidos del título Mr. Olympia) o Sylvester Stallone.
Incluso actores no tan musculosos como Steven Seagall (que debutó con Nico en 1988) compensaban el no andar por ahí sin camisa con una crueldad extraordinaria. Su evidente sevicia lograba por momentos lo imposible: que el público sintiera lástima por los villanos que con todo y lo malos que eran no merecían que les rompieran tantos huesos. Evidentemente Seagall no se inventó nada, héroes de acción bastante crueles con sus adversarios había antes (Chuck Norris, Charles Bronson), pero sí lo llevó a un punto extremo.
Es fácil ver que detrás de estos héroes de acción había una misma filosofía de base, compartida por la famosa década de los excesos de los 80s: "Si lo tienes exhíbelo". Un contraste evidente con los héroes de décadas anteriores cuyo encanto residía (al menos en parte) en un aura de misterio, en no revelarse por completo ni a los espectadores ni a los villanos de turno. Para la muestra, toda la serie de James Bond o el enigmático Steve McQueen cuya cara alguna vez fue descrita como con "ese aspecto de la gente cuando va en ascensor".
El fin de los 80
Los cambios en el cine
de acción durante los 80s coincidió con la emergencia de
la NBA, la liga profesional de baloncesto en Estados Unidos. Y como sucedió
en la NBA, las películas comenzaron a
privilegiar las rarezas de la naturaleza sobre los Pedro Pérez
del planeta. Y no hay rareza más grande que Schwarzenegger. 
Y ahora a finales de los 90s y comienzos del nuevo milenio los héroes de acción vuelven a gente más normal. Posiblemente el único ícono de acción creado los últimos años sea el australiano Rusell Crowe que interpretó al policía rudo en Los Ángeles al Desnudo y se consagró con Gladiador, una película que hace diez años indudablemente habría sido protagonizado por un Schwarzenegger o un Stallone.
Pero Hollywood en general está teniendo dificultades para encontrar un héroe de acción que responda al presente (si exceptuamos a Crowe). En parte porque quienes arman las películas todavía tienen la falsa convicción de que los héroes de los 80 siguen atrayendo al público. De ahí las películas con Harrison Ford, Schwarzenegger, Bruce Willis y demás. Pero el problema fundamental es que la ecología del cine de acción se ha roto.
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