Héctor G. Oestreheld

Creador máximo de la narrativa de aventuras de Argentina.
Nacido en 1919, estudió y se graduó en Geología en Buenos Aires, pero es a partir de 1950 que se revela como narrador original y prolífico, escribiendo cuentos infantiles y -sobre todo- guiones de historieta y relatos de aventuras para las revistas MISTERIX, HORA CERO, FRONTERA y otras de la época.
Así nacen, en poco más de una década, sus personajes fundamentales : Sargento Kirk, Bull Rockett, EL ETERNAUTA, Ernie Pike, Ticonderoga, Sherlock Time, Randall, Mort Cinder y muchos otros, creados junto a notables dibujantes como Hugo Pratt, Solano Lopez y Alberto Breccia.
Militante revolucionario, fue secuestrado y desaparecido durante la lamentable dictadura militar sufrida en Argentina en 1977.

EL ETERNAUTA

 

La primera historia cuenta que eran cuatro amigos jugando al truco una noche en un chalecito de Vicente López. En el piso de abajo dormían Elena y Martita, la mujer y la hija de Juan Salvo, que acababa de tener 33 de mano.
Parecía que el ancho de espada era lo más duro que habría que enfrentar esa noche; pero no. Desde la calle vino el ruido de un choque y enseguida el silencio. Un silencio que sobresaltó a los cuatro. A través de la ventana caían copos de nieve. Raro para Bs. As. Claro, no era nieve exactamente. El cielo estaba escupiendo alguna sustancia mortal.
Desde la buhardilla, los ocho ojos vieron coches volcados, la gente tirada. Muertos con sólo un sutil contacto con la ‘’nieve’’. En poco tiempo supieron que no era algo de este mundo: estaban ante la primera avanzada de una invasión extraterrestre. Encerrados en esa casa, se supieron unos de los pocos sobrevivientes. Después, peleas y peleas contra los enviados de un enemigo casi invisible: los Ellos.

Al final, Juan Salvo es arrojado a otra dimensión del tiempo y el espacio, convertido en el Eternauta. Allí buscará a Elena y a Martita. Eternamente.


La segunda historia habla de un hombre que asomó al mundo en 1919 en Bs. As. que estudió geología. Que escribió cuentos infantiles: se vio su nombre en la revista Gatito y la colección Bolsillitos. Que también escribía sobre ciencia. Un día, en la editorial Abril, le proponen hacer guiones de historietas. Su firma empieza a aparecer en las revistas Cinemisterio, Rayo y Rayo, Misterix, fechadas en 1950. El hombre que escribe en un chalet a una cuadra de la estación Beccar tiene cuatro hijas. Entre 1957 y 1959 el hombre de la segunda historia escribe la primera. En los 70 empieza a militar en Montoneros. Y sigue escribiendo guiones. En 1977 las Fuerzas Armadas los secuestran a él, a sus cuatro hijas –dos estaban embarazadas-, a dos yernos, y a dos de sus nietos, que son devueltos.

Los "Ellos" tienen cara: son personajes de la historia argentina. Su esposa, Elsa, es retenida en esta dimensión del tiempo y del espacio. Aquí buscará a Héctor Oesterheld y a las chicas. Eternamente.
"La casita de Héctor en Beccar era muy parecida a la que dibujé para Juan Salvo" cuenta ahora, sentado al lado de sus hojas y sus lápices, Francisco Solano López, el hombre que 1957 les inventó las caras a los personajes de El Eternauta, la historieta que cuenta la primera historia. Solano López, un tipo al que Oesterheld alguna vez definió como "un dibujante muy cálido". En setiembre se cumplirán 40 años de esa primera vez y Juan Salvo, el Eternauta, sigue pariendo fanáticos. Una comprobación: en uno de los últimos números de la revista especializada Comiqueando, el personaje argentino de historieta más votado fue este maduro navegante de la eternidad.
En 1957, Oesterheld había fundado su propia editorial –Frontera- que sacaba las revistas Hora Cero y Frontera. "Un día –cuenta López- Héctor me llama y me pregunta qué quiero hacer. Le dije que quería salir de las historietas de corridas y tiros. Buscaba la oportunidad de reflejar la psicología de los personajes. Me contó su idea del Eternauta. Era lo que yo quería".


Pasaron 40 años y el Eternauta sigue teniendo algo que decir. "Son varias cosas. Un tema fuerte, la invasión, acá, en Buenos Aires, peleando en la General Paz y en la cancha de River. La increíble calidad humana de los personajes. La expresividad, las relaciones entre ellos. Y un elemento subyacente: nuestro sentimiento de país periférico, acosado, a merced de lo que decidan otros. El Eternauta expresó eso directamente, y como muchos lo sentían, la historieta prendió", piensa Solano López
Ante el invasor, el Eternauta plantea la resistencia. Enfrentar a un enemigo que lleva las de ganar en lugar de subordinarse a él. Las opciones políticas de Oesterheld muestran que elegía esa actitud también para su vida: "Ustedes, hombres, tienen una sola esperanza de salvación... si no quieren la aniquilación total pueden entregarse voluntariamente", les dice uno de los invasores. El precio es alto: "Haremos de ustedes hombres robot", explica el agresor, con una claridad que no existió en la segunda historia, la de realidad.
Oesterheld se negó a aceptar el trato, en los dos casos.
Algo más podría tener El Eternauta: el calor de un grupo.


Lo explicó, en un prologo, el propio Oesterheld: "El héroe verdadero de El Eternauta es el héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así mi sentir intimo: el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo".
La primera versión, la mítica, salió en la revista Hora Cero en septiembre de 1957. "No se puede decir que lo que yo hacía fuera muy realista porque no lo sabía hacer –confiesa Solano López-. Con El Eternauta, yo iba ensayando mientras trabajaba. Y a las disparadas, porque eran muchos cuadritos por día. Héctor me mandaba los guiones por un cadete y yo se los devolvía por otro cadete. No hablábamos. Nunca me dijo ´que bueno eso´ ni ´yo lo pensé de otra manera´".
Sentado frente a un guión manuscrito, Solano López imaginó los personajes y los escenarios. Y cuenta: "Decidí hacer a Juan Salvo rubio y de pelo corto porque acababa de dibujar dos historietas con morochos argentinos: Joe Zonda y Rolo, el marciano adoptivo. Pensé: el Eternauta es argentino, de clase media, vive en la zona norte, ¿por qué no puede ser rubio? Quise darle una apariencia normal, no musculoso, no superhéroe. Y una cara natural, con una mirada cálida, de acuerdo con la de un hombre de familia. Pero en esa época el pelo no se usaba tan corto. Esto llevaba implícito un cálculo: alguna característica diferente tenía que tener, porque iba convertirse en un navegante de la eternidad".

La columna que resiste la invasión avanza, en la historieta, desde zona norte. Solano López la había recorrido miles de veces: "Viví mucho tiempo en Belgrano y tenia una tía en Olivos. Esa Avenida Libertador, General Paz, la llegada a Plaza Italia, Santa Fe, el Congreso, eran vivencias infantiles y juveniles. Fue casi natural dibujarlas como escenario".
En 1969, Oesterheld decidió volver a lanzar la historia original. Lo acompañaba un dibujante famoso: Alberto Breccia. Y el Eternauta renacio de las páginas de la revista Gente. Pero el guionista cambió algunos detalles respecto de la versión original. Juan Sasturain, director de la Serie Oesterheld de editorial Puntosur, lo cuenta así: "Los hechos eran los mismos, pero la explicación es otra. ¿Qué había pasado? En esta versión está claro: la invasión se ha producido en un suburbio del mundo, no en el centro. La ayuda nunca llega; son las bombas atómicas del Norte que destruyen Bs: As."

¿Qué había pasado? Doce años en la vida del país y del hombre que lo miraba: veníamos de la "revolución libertadora" y la "resistencia peronista"; más tarde, el gobierno de Frondizi; la democracia de Illia, establecida con proscripción del peronismo; "la noche de los bastones largos" de Onganía; el Cordobazo; el Rosariazo. Fuera de las fronteras, los cubanos habían hecho su revolución y Alfredo Palacios había sido elegido diputado en la Capital Federal levantando una consigna: el apoyo a Cuba socialista.


"En ese clima de movilización política, Oesterheld relee su propia historieta –analiza Juan Sasturain-, mira el autor de El Eternauta y lo juzga un liberal bien pensante e ingenuo. Le parece que en la primera versión había tenido la sensibilidad para captar el mundo, pero no la hondura como para entenderlo".

La realidad empezaba a interpretarse según parámetros bastantes más severos. "En el 69 –dice Sasturain- Oesterheld se radicaliza políticamente y el personaje de Favelli, amigo de Juan Salvo y profesor de física, explica que la invasión ha sido resultado de una transacción entre el Norte y los Ellos, que el Norte pactó para salvarse y pagó con el Sur".

La publicación en Gente, termino mal. En un reportaje que le hicieron Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno, el propio Oesterheld lo evalúo así: "El Eternauta en Gente fue un fracaso. Y fracasó porque no era para esa revista. Yo era otro: no podía hacer lo mismo. La editorial recibía cartas de los lectores insultando por publicar historietas. Y entonces el editor sacio una carta de disculpa. Por eso tuvimos que apurar el desenlace".
En 1976, Oesterheld ataca de nuevo. Sale El Eternauta, segunda parte, en la revista Skorpio, de ediciones Récord. Otra vez dibujará SSolano López. La Triple A y los grupos armados... El país empezaba a llenarse de muerte.
Cambió la vida: Héctor Germán Oesterheld había entrado de lleno a Montoneros, con el nombre de Germán. Había dejado su casa. A veces dormía en el Tigre, con Rodolfo Walsh; a veces en hoteles ignotos. Había salido hacer lo que él creía imprescindible: ser coherente con su interpretación del mundo. Una temprana explicación de sus actos puede leerse en El Eternauta de 1957: "Si queremos acabar con el invasor –dice el Profesor Favelli, cuando él y Juan están a punto de dejar el chalecito de Vicente López- debemos emplearnos todos y bien a fondo. Si no se ataca al invasor ahora, cuando todavía no ha tenido tiempo de establecerse en forma, más tarde no será posible hacerlo".


"En sus historietas, la aventura es una bisagra, el lugar donde un hombre común se encuentra en una circunstancia limite, deja todo y pasa a vivir de otra manera. Entrega la vida a un sentido superior", dice Sasturain, como si hablara del hombre y no del personaje.

 

El hombre era otro; el personaje también. En la segunda parte, escrita en ese 1976 que empieza con el golpe militar, Salvo vuelve a la tierra en el siglo XXII y encuentra un pueblo que vive en cuevas, es una especie de Edad de Piedra, y es esclavo de los Ellos. ¿Se imagino que así sería el futuro si los Ellos ganaban? Ahora Juan Salvo deja de ser un tipo cualquiera, integrado a su grupo, y se convierte en un líder duro, con superpoderes. Un tipo capaz de entender como funciona una maquina con solo mirarla, de ver lo que esta por pasar, de concentrar su energía mental y trasladarla a los músculos, que se hace invencible; capaz de sacrificar a muchos de los suyos para darle un golpe duro al enemigo. De decidir salvar el pueblo, donde los chicos juegan y los grandes trabajan, aunque esa decisión cause la muerte de Elena y Martita, su mujer y su niña.


Dibujante y guionista tuvieron sus primeros problemas en esta segunda parte. Se habían acabado las noches de asado y vino en la casita de Beccar, cuando Solano López y Oesterheld planeaban hacer juntos una historia de la Guerra del Paraguay. Los guiones llegaban y Solano López los dibujaba, pero algo le empezó a molestar.
"Héctor tomó El Eternauta como una herramienta de militancia. Yo cuestioné mucho esto, porque no me consultó. Vi que estaba haciendo propaganda por la lucha armada. Y yo no estaba de acuerdo. Tampoco estaba de acuerdo con los militares, pero entre los militares y los Montoneros, en el medio, había unos cuantos millones de personas", cuenta el dibujante.


Pasaba algo más. El hijo más chico de Solano López había entrado en el camino de la militancia, pese a la oposición firme de su padre. A principios de 1977, llegó a la conclusión de que la vida de su hijo corría peligro. "Me lo llevé a Madrid de las pestañas", dice con alivio.
Inmediatamente llegó el 27 de abril, la emboscada en La Plata en la que llevaron a Oesterheld, la tortura, la visita del nieto de tres años en la celda... el silencio, el mismo silencio de muerte que empezaba El Eternauta. Otra vez se había anticipado. En la primera versión, uno de los personajes lamentaba: "Todos desaparecidos... como si no hubieran existido nunca".
Muchos creyeron leer en El Eternauta una premonición, un anuncio de lo que atravesaría la Argentina en los 70. Como si hubiera previsto tanto dolor, decían Juan Salvo en 1957 "Cuando venga la reflexión y se den cuenta cabal de lo que ha sucedido, ¿cómo haré para mitigarles la pena?"

HORA CERO

A fines de la década del ‘40 desembarcan en la Argentina los capitales de la editorial Abril. En un principio la idea de la empresa era publicar revistas con los personajes de Disney. Pero pronto su director, Cesare Civita, intuye que la historieta para adultos tiene un mercado potencial importante. Entonces decide formar un sindicato copiando el modelo norteamericano. Así nace Sudameris, que incorporará a destacados dibujantes italianos, dando un impulso inical a la historieta en nuestro país.
En esos años, Oesterheld colabora para esa editorial en la colección "Bolsillitos" de libros infantiles. Civita le propone escribir guiones de historieta. Los primeros trabjos fueron para Cinemisterio, un semanario que combinaba fotonovelas de aventuras con historietas y folletines. Allí, a lo largo de 1951, Oesterheld realizó tres guiones.
Pero es en el número 176 de Misterix, la revista más fuerte de la editorial, donde inicia la saga de Bull Rocket. Éste fue su primer personaje importante y de larga trayectoria.
Sin abandonar su trabajo de guionista para Abril, Oesterheld funda la editorial Frontera. Bajo ese sello publica en 1956; en forma de novela; las historias de sus exitosos Sargento Kirk y Bull Rocket. Salieron nueve libros de cada personaje en apariciones quincenales. La hizo con el fin de competir con Editorial Bruguera, que por ese entonces editaba novelas de ciencia-ficción de segunda categoría, series bélicas y de western. Los libros de Oesterheld se vendieron bien. Para aprovechar el éxito comercial el distribuidor, Machi, le sugiere lanzar al mercado revistas de historietas. En 1957 se desvincula de Abril, aunque siguen apareciendo historia suyas hasta fines de ese año. Según el propio Oesterhel el final de esa relación se dio de manera amistosa: "Nos encontramos con Civita en la calle, vamos a tomar un café y le cuento que quiero sacar mi revista. Negociamos personajes. Abril se quedó con Bull Rocket y yo con Sargento Kirk. Nos repartimos las figuritas.
Héctor G. Oesterheld, autor de la mayoría de los guiones (continuados en algunos casos por su hermano Jorge), contrata a los mejores dibujantes del momento: Solano López, Carlos Roume, Alberto Breccia, los italianos Hugo Pratt e Ivo Pavone, Daniel Haupt, Jorge Moliterni y Arturo del Castillo, entre otros.
En marzo de 1957 aparecen, en formato apaisado Hora Cero y Frontera. Se imprimían de a dos. En mayo sale Hora Cero mensual. El primer número del Suplemento semanal de Hora Cero es del 4 de setiembre de 1957, el último, el 116, del 18 de noviembre de 1959. El "extra" de Hora Cero, con 64 páginas y formato más grande, comenzó en abril de 1958 como publicación bimestral, para hacerse luego quincenal, volver a mensual, etc.
En estas publicaciones, Oesterheld y su equipo de dibujantes renovarán la historieta nacional. Básicamente, el cambio se produce por el abandono del modelo norteamericano de la aventura. Aparecen los tonos grises entre los "buenos" y los "malos", se sustituye al héroe infalible por un personaje enfrentado a cuestiones éticas. De hecho, se elimina la noción del héroe solitario y toma relieve el protagonismo colectivo. Los personajes de las historietas dejan de ser acartonados y poco creíbles. La fantasía y la verosimilitud dejan de ser contradictorias entre sí. Si bien varias de las historias transcurren en geografías lejanas a la nuestra, otra novedad es la ubicación de la historia en paisajes locales. Dentro de géneros como el western o la ciencia-ficción se logra sortear la barrera de los convencionalismos.
Estas cuestiones aparecen ejemplificadas en la totalidad de las historietas publicadas en esos años.
En 1960, a pesar de las ventas, que llegaron a los 90.000 ejemplares en las buenas épocas, Hora Cero y Frontera son golpeadas por problemas financieros. Una de las causas fue la fuerte competencia de revistas mexicanas, como las de Ediciones Recreativas y de Sociedad Editorial Americana. Si bien estos productos son de baja calidad en cuanto a sus contenidos, se imponen por su colorida gráfica y su menor precio.
Por otra parte, Editorial Frontera empezó a perder a sus dibujantes más destacados, tentado por el dinero que ofrecían los poderosos sindicatos de distribución de historietas europeos y norteamericanos. Entonces, Arturo del Castillo y Solano López empezaron a dibujar para publicaciones inglesas, Hugo Pratt volvió a Italia y Breccia comenzó a colaborar para Europa.
El éxodo produjo un recambio y entraron a trabajar para la editorial una nueva camada de talentosos dibujantes como Estevez, Carlos Vogt y Néstor Olivera. Pero la empresa había caído en un pozo financiero del que no habría de recuperarse.


En marzo de 1961 Oesterheld pasa los títulos a la editoria Emilio Ramírez en concepto de pago de deudas. A su vez, ésta se los pasa a Vea y Lea en el último trama de 1962. Todavía en 1963 salen los últimos números de Hora Cero y Frontera, una deformación de la época de esplendor. Hora Cero termina oficialmente en mayo de 1963 con la publicación del número 77 del Hora Cero Extra.
Por su parte, Oesterheld señala que "fue un desastre no sólo el manejo financiero sino el administrativo. Con el tiempo me fui enterando de algunas cosas. El imprentero (Emilio Ramírez) hacía clandestinamente una edición que vendía por su cuenta. En ese tiempo, mi hermano tenía que ocuparse de todo eso pero no daba abasto. Cualquier editorial de envergadura de historietas, lo sé positivamente, hoy se ocupa de pagarle el sueldo a una persona que vaya a la imprenta a la edición. Nosotros, oficialmente, llegamos a una venta alta que era de ochenta a noventa mil ejemplares. Seguramente habría otro tanto pirateado. Y encima, el imprentero, muy astuto, nos iba endeudando cada vez más. La venta alcanzaba para pagar, pero no tanto. Y así nuestro proyecto se fue ahogando económicamente. Cuando empezaron a venir buenos precios de Europa tentando a los dibujantes no se pudo contrarrestar la oferta. Por un mal manejo, nada más. Porque cuando empezó Hora Cero, se pagaban mejores precios que Abril, equiparados a los mejores precios de Europa".