Ante
todo, tolerancia
¿Te toleras a ti mismo? Porque
solo así podrás ser tolerante con todo el que te rodea.
Si
eres tolerante con tus defectos sin culparte, sin condenarte, estarás
preparado para tolerar los defectos de los demás. Seguramente habrás
notado que en ocasiones te enojas con tus seres queridos porque vemos en ellos
nuestras propias debilidades. La tolerancia es una consecuencia del verdadero
amor.
Paciencia
¿Te tienes paciencia? Herramienta necesaria para seguir paso a paso
el camino de tu vida. Sin afanes, sin premuras, conscientes del transcurso
de cada día.
Que llegue la noche y no duermas pensando en lo que te sucederá a la
mañana siguiente. Seamos pacientes. Recuerda siempre que ´cada
día trae su propio afán y Dios nos da la fuerza necesaria para
ese día en particular. ´ Recuerda, siendo pacientes permitimos
a los demás que se desarrollen a su paso.
Sobre la bondad
¿Eres bondadoso contigo mismo? De la misma manera
como te hables y te juzgues hablarás y juzgarás a los demás.
Reprocharte no es lo mismo que cuestionarte. La primera encierra un sentimiento
negativo que no nos ayuda; nos hace sentir indignos, que hemos fallado, cuando
a lo mejor fallar nunca fue nuestra intención.
De igual manera, cuando nos juzguemos, que sea un juicio constructivo sobre nosotros mismos. Esto nos ayudará a transformarnos desde adentro. Produzcamos entonces ese mismo efecto en nuestros seres amados.
El cuestionarnos nos ayuda a aclarar cualquier confusión, a entender mejor la situación, y nos abre espacio para un cambio al actuar.
¡Me amo y por eso puedo amarte